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A renglón seguido

Calzones y bragas a costa de las tarjetas “fantasma” de Caja Madrid

Octubre 6, 2014

Es una lástima que nunca lleguemos a conocer cuántos de los personajes vinculados con el mundo sindical, empresarial y de la política están lejos de las posiciones de la nonata consulta catalana, algunos de los cuales, sin embargo, habrán sido entusiastas seguidores de La Trinca, formación humorística arraigada en la misma localización geográfica.

Pues bien, aquél puñado de palmeros ha buscado el paroxismo de la irrefrenable ambición, trasladándolo al ámbito de lo cotidiano en sus vidas. Fervorosos de la primera conjugación verbal –ya saben, con terminación en “ar”-; concretamente trincar.

Arrianos de la codicia

Nada más ni nada menos que 86 consejeros y directivos de la irreconocible Caja MadridBankia-, dispusieron entre 1999 y 2012 de más de 15 millones de euros para sus caprichosas bagatelas personales a través de tarjetas corporativas “fantasma”, cuyo uso, caso de hacerlo, debería haberse dirigido hacia gastos de representación.

Estos arrianos de la codicia, expertos piratas en arriar –otro de la primera- el trinquete de la insaciabilidad, desplegaban el velamen de sus caprichos por todas las aguas de la desmesura. Todo esto bajo la supervisión y connivencia, en primer término, del resuelto Miguel Blesa, y, posteriormente, la de su sucesor el bursátil Rodrigo Rato, dos pesos pesados del ring de las finanzas que pusieron contra las cuerdas a sus preferentistas mandándolos a besar la lona de la impotencia.

Gastando a “calzón quitado”

Cada una de las partidas de gasto cargadas a lomos de los ahorradores por parte de los afianzados hacker –no lo declaraban a Hacienda como un cobro en especie- se recogía en términos contables con el sutil epígrafe de “error informático”. Gastaban dinero a calzón quitado, mientras se quedaban  en  bragas, sin  acostumbrarse, cientos  de  desahuciados por la entidad, a los que las costuras sí les han hecho llagas.

Resulta algo más que llamativo, que, preguntado el torero Montoro por estos comportamientos, responda, que es “execrable”, en tanto que su comparsa portavoz de economía MartínezPujalte dice, que “Hacienda lo sabía”. Hasta el colectivo de alopécicos considerará que uno de los dos nos toma el pelo; iva incluído.

Todos apencamos con 22.000 millones de euros para sanear las cuentas de la entidad, mientras estos asaltacuentas no comían pencas; que se sepa. Entre los “agraciados con este gordo” se encontraban empresarios (Vicepresidente de la CEOE), sindicalistas (U.G.T. y CC.OO.) y militantes de diversos partidos (PP, PSOE e IU).

Los cuatro tarjeteadores honrados

Cierto es, que, para pasmo y sorpresa, han aparecido cuatro de entre todos los tarjeteadores, a los que tengo el disgusto de no conocer, que no han usado ni abusado de su condición de privilegio, y cuyos nombres, entiendo, hay que divulgar; a saber: Esteban Tejera, Félix Manuel Sánchez, Francisco Verdú e Íñigo María Aldaz.

Unos –pocos- han tenido la delicadeza –¡a buenas horas!, aunque en buena hora- de devolver lo saqueado para: ropa, viajes, supercomidas, el “súper”, etc. Otros, en un ejercicio denunciable de infrecuente sensatez, han dimitido; eso sí, frente a las consideraciones de su mala conciencia a la que no han preguntado, no fuera a ser, que se arrepintieran a última hora fruto de tantos años de sana convivencia con ella.

Buen olfato el del juez Elpidio José Silva que tuvo un par de narices para entrenar al ciudadano Blesa, a quien su cohorte “blesaba” la mano. Habría que reactivarlo para dar un empujoncito judicial, y llevar al abismo del trullo, por tercera y definitiva vez –la vencida-, a quien él bien conoce.

Paco de Domingo