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A renglón seguido

¿”Bréxito” suficiente? (II)

Julio 5, 2016
brexit

La gran hermandad de la UE pierde a uno de sus malavenidos 28 miembros –“La familia y uno menos” (gran estreno político en todas las pantallas europeas de gran formato)-, quizá porque el disidente secesionista no ha tenido capacidad suficiente para habernos persuadido para conducir por el carril contrario, dando nuestro volante a torcer, ni haber sido capaces de inundar la saludable dieta mediterránea con su fish & chips.

En tanto que ya se anuncia un río de notables dimisiones en cascada, el abogado M. R. Brey aboga por la “tranquilidad” y la “serenidad”. Los diversos activistas pro-disgregacionistas pensarán que sería un momento idóneo, según se mire, para pasar a la acción de desconexión en España, e ir sondeando de una vez la posible escisión territorial que culminara en una futura “Catalunya!”.

Las bolsas europeas no cabían dentro de sí, y, henchidas de inquietud e incertidumbre, mudaron de asas. En la refriega del trasiego se desplomaron con históricas caídas –sin llegar la histeria del “crack del 29”- hasta el infierno de las pérdidas, porque los antiguos tenedores de los valores decidieron no seguir metiendo la cuchara en el menú del parqué, y pidieron con urgencia la cuenta antes de lo previsto pagando un alto precio por levantarse precipitadamente de la mesa del reparto de arriesgados beneficios. La libra esterlina, de la que no se habían librado los isleños, se depreció hasta recuperar el valor de hace tres décadas. No todo se ha perdido: la moneda ha recuperado parcialmente su arrinconada juventud con este inesperado lifting cambiario.

Dimensiones por mensurar

La bandera del nublado y resquebrajado cielo europeo ha perdido una de sus estrellas. Se ha abierto un agujero negro en la celestial bóveda de la política internacional de dimensiones por mensurar y de consecuencias desconocidas: como un posible contagio de alguno de, o entre, los miembros del collage europeo. Convendría ir buscando un potente antídoto en el laboratorio de Bruselas para evitar que lo todavía endémico, aunque de alcance impredecible, ascienda a la categoría de pandemia. O peor aún: que devenga en metástasis.

Como los resultados no satisfacen a los boquiabiertos perdedores, se baraja jugar una revancha en la que la participación no sea inferior al 75%, y que la potencial mayoría desintegradora supere los 3/5. Se ha producido una especie de fratricidio interno. Los conservadores, por un lado, y los laboristas, que están, excepcionalmente, por la labor de aquéllos (permanencia), proclaman su estupefacción. Dos bandos bien diferenciados en los que se alinean con sus mejores galas Whales and England –separatistas- y Ireland and Scotland –“unionistas”-. Ahora podrían celebrar su propia Final Four a dos bandos con sendos equipos titulares en cada banquillo. ¿Peligrará el tradicional Torneo Seis Naciones de rugby?

Estas son las consecuencias de no tener bien identificados a los adversarios, y sólo haberse preocupado por diferenciar a los amigos de los enemigos. No se debe jugar con fuego: en este caso amigo. La Union Jack tricolor aglutinadora de buscadas voluntades se encuentra hecha jirones

Paco de Domingo