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No me moverán

Brasil: ¿El Dorado?

Septiembre 19, 2011

Dos veces en quince días he viajado a Brasil. En los vuelos de ida siempre he encontrado españoles, que iban a buscar ‘fortuna’ o trabajo, que es el oro de nuestros días. La imagen económica del país se ha agrandado en poco tiempo. Su crecimento, su dimensión y la cultura latina hacen apetecible Brasil para muchos profesionales. Los sueldos directivos de Sao Paulo, por ejemplo, están disparados, lo mismo que los precios de sus buenos restaurantes; los inmuebles están por las nubes, en algunos casos por encima de Londres y cercanos a NY. Dentro de los BRICs (que incluyen además a China, India y Rusia) es la cultura más parecida a la nuestra. Recuerda el ‘Dorado’ de la época del descubrimiento, una utopía donde el europeo medio puede encontrar un buen acomodo.

Hace más de doce años, cuando llegué por primera vez, viajé por autopista y pasé por São José dos Campos. Al ver Embraer, la compañía de construcción aeronáutica brasileña, que tiene allí su sede, pensé: esto no es un tercer mundo, como creemos; esto no es sólo futbol y samba; este es un país serio de más de 200 millones de habitantes y un gran futuro. Vine y me convertí en un apóstol de las inversiones en Brasil, con poco éxito, he de confesar.

Por aquel entonces los propios brasileños definían a Brasil como el ‘país del futuro’ y continuaban: ‘y siempre lo será’. Indicando con esa broma que su presente no era brillante ni esperaban que mejorase a medio plazo. Para ellos además del país del futbol y la samba, era el de: las favelas, la desigualdad social, la violencia en la calles…

Pero… llegó el futuro o, por lo menos, una parte, y Brasil se ha convertido en un actor económico internacional y sobre todo sudamericano; es el motor real del subcontinente, junto con Colombia, quizás Perú y, por último, Chile, al que su reducida población quita protagonismo. El país carioca ha reducido la desigualdad social, más de 30 millones de ciudadanos han entrado en la clase media en los últimos años y se espera que el proceso continúe. Eso asegura un crecimiento mínimo del 3 o 4% del PIB por aumento del consumo interno. Pero además, la venta de commodities a Asia (China principalmente), cereales, soja, carne, minerales y, si se siguen encontrando reservas, petróleo, le augura 4 puntos o más de crecimiento adicional.

¿Pero, que pasaría si viniese la recesión mundial que anuncian los expertos? China no vendería a USA y Europa sus manufacturas, no compraría tantas commodities y Brasil dejaría de crecer ese 3 o 4% adicional que le proporciona su sector exterior. Entonces la clase media dejaría de aumentar y se acentuarían las tensiones sociales, moderadas ahora por la esperanza de progreso personal.

Durante los próximos cuatro años Río de Janeiro está a cubierto de esta perspectiva porque: en el 2013 se realizará la JMJ (el encuentro del Papa con los jóvenes, que reunió 2 millones de personas en Madrdi) en el 2014 los mundiales de futbol y en el 2016 las Olimpiadas ¿Y el resto del país? ¿Estallará entonces una burbuja inmobiliaria o financiera? ¿La dimensión del país le permitirá seguir creciendo?

Si Brasil fue en los años noventa el país del futuro y en la primera década del siglo XXI el del presente, puede que, a partir de 2018, sea el del pasado si las cosas se tuercen. Los inversionistas a largo plazo deben tener esto en cuenta y vigilar muy de cerca la evolución de este sub-subcontinente.

José Ramón Pin es Profesor del IESE. Titular de la Cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública