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A renglón seguido

Borbón y cuentas nuevas

Junio 14, 2016

En la lucha por romper con lo que algunos entienden como monotonía de la cotidianeidad han aparecido, por generación espontánea o de forma provocada, diferentes figuras de ocio dirigidas al sufrido ciudadano: se encuentre con sus lomos en activo, en la impersonal lista de desempleo, o en el que debiera de ser confortable recinto vital de la “eufemizada” expresión acuñada de tercera edad.

Junto a las regularizadas, por ley, vacaciones y fines de semana de sofá con mando a distancia, hemos ido sumando diversas prácticas deportivas como complemento a las recién incorporadas al mercado del consumo de fugaz desplazamiento y estancias: las escapadas hacia lo desconocido de fin de semana. Pero algunos se han apoderado del lado más oscuro del concepto de evasión, y en vez de evadirse por el camino de la distracción, como elemento de asueto y diversión, se han decantado por la senda de la ocultación como sesgo de sus obligaciones declarativas fiscales.

De entre los últimos actores del escenario del gran teatro del mundo del fraude destacan los que son más reales que otros; pero no es que los haya de verdad o de mentira, no: es que disponen de subrepticios saldos bancarios y de largos y compuestos apellidos. En este caso varios Borbones se encuentran en cuarentena sometidos a observación y valoración del ojo periodístico por la ocultación y el sucio lavado de capitales a través de la regularización fiscal de Montoro: más conocida como amnistía fiscal.

La biblia del buen defraudador

Esta ralea de la realeza se ha esforzado con denuedo en rentabilizar sus sacas fuera de nuestras fronteras, sacándole partido al secreto bancario y a la aparente connivencia del relajo de las diferentes autoridades fiscales que han ido desfilando por la pasarela de los diversos gobiernos de nuestra recuperada y cada vez menos efeba democracia.

Estos miembros de la monárquica estirpe estuvieron representados por –“el buen calamar en todos los mares sabe nadar”- el mismo linaje de testaferros y asesorados por la prosapia de bufetes de los que se sirvieron Rato, Bárcenas y els Pujol. Con alguna probabilidad comparten todos ellos un mismo libro de cabecera: la Biblia del buen defraudador. Y en especial la sagrada indicación de lo que el Dios dinero une, no lo separe la mano judicial del hombre.

Son dados los componentes de la alta alcurnia real, revestida de cierto rancio abolengo, a darle ajena residencia a su patrimonio, lejos de la luz y de los taquígrafos de la hacienda pública española, proporcionándole cálido y opaco refugio a través del efugio en lugares de ultramar o en las dulces aguas del río Aar. Gustaban de mantener sus viejas cuentas, y pasaron a tarifar las cuentas pendientes a un injusto y desproporcionado “cristobalístico” tipo impositivo, con el resultado de un “valleinclanesco”: Borbón y cuentas nuevas.

Sin duda les ha salido a cuenta a ese puñado de bribones Borbones tener sus cuentas en paraísos fiscales, en tanto que la afanosa plebe deposita el diezmo tributario en las arcas locales.

Paco de Domingo