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El mayordomo

Boda: El enlace de Nicolás de Grecia

Agosto 31, 2010

Conjuntos playeros en el cóctel de recepción y mucho traje de oficina en el enlace, los dos grandes protagonistas de la boda del heredero griego


 
Se presentaba como la boda del año aunque después de ver el desenlace, generosos seremos si la dejamos como la boda real del verano….y solo por eso de que ha sido la única celebrada durante los dos meses de temporada estival.
Antes de entrar a analizar la vestimenta de los selectos invitados, resulta importante destacar el  hecho de que la revista HOLA, con la excusa de la celebración de este enlace, sacó un nuevo ejemplar con exactamente los mismos reportajes que el anterior a excepción del de esta boda. Esta tomadura de pelo no habría sido tan llamativa si su dirección hubiera tenido al menos la decencia de dejarlo claro y haber cobrado un importe menor por este último ejemplar.
Como toda boda que se precie, el día anterior al enlace el Príncipe Nicolás y Tatiana Blatnik ofrecieron un cóctel para dar la bienvenida a los invitados que se desplazaron hasta la isla de Spetses desde prácticamente todos los rincones del mundo.
Por las instantáneas que han llegado a todos nosotros parece claro que era la intención de los novios que en dicho cóctel se vistiera de forma casual. Sin embargo, no terminamos de entender cuál era el propósito final de los anfitriones.
Si su intención era mostrarse al resto del mundo como gente normal y corriente no parece lógico haber invitado a las Monarquías europeas y demás elites sociales. Sin embargo, cuando se invita a tan ilustres señores hay que cuidar el protocolo sin dejar de lado el perfil de los asistentes. No se debe olvidar que esta fiesta era el cóctel que precedía al enlace de un miembro de la familia Real griega.
Sería deseable por el bien de los ciudadanos griegos que la comunicación entre el Príncipe Nicolás y Tatiana Blatnik fuera más fluida que la que debió existir en la organización de esta fiesta. No deja de resultar sorprendente que la novia vistiera un traje de fiesta mientras su futuro marido se decantaba por una camisa de sport combinada con unas zapatillas de deporte.
Queremos suponer que se debió también a una mala coordinación el que muchos de los asistentes al cóctel vistieran un look casi playero. Un look más cercano al que hemos visto estas fechas en nuestras terrazas que el que se debería suponer en la fiesta prenupcial de unos miembros de una Casa Real.
A pesar de lo que muchos caballeros puedan pensar, resulta infinitamente más complicado vestir de forma elegante y estilosa cuando se hace de sport que cuando se viste de traje. Es con la indumentaria informal cuando salen a relucir las carencias estilísticas de la mayor parte de los caballeros.
Si bien no es necesario salir de nuestras fronteras para apreciar esta realidad, quien mejor escenificó este hecho fue el recientemente nombrado Príncipe, Daniel de Suecia. Daniel de Suecia se presentó al cóctel con una combinación de colores, y de arrugas, cuanto menos llamativa.
Un pantalón de sport que arrastraba por los suelos era acompañado por un cinturón negro de vestir que teniendo en cuenta sus dimensiones parece indicar que el Príncipe Daniel piensa en ensanchar su figura en poco tiempo. Una chaqueta azul celeste de sport acompañada de unos zapatos de vestir tipo Oxford completaban tan sui géneris atuendo.
Todo esto pone de relieve que cuando a un caballero se le indica qué vestir desde la cabeza a los pies éste termina dando la sensación de ir disfrazado y carecer de toda naturalidad.
Respecto a la vestimenta del día del enlace parece obligatorio comenzar estudiando el atuendo del novio. El Príncipe Nicolás se decantó por un chaqué gris. Nada tendríamos en contra de éste si la celebración de la boda hubiera sido por la mañana. Sin embargo, después de las seis de la tarde o en ausencia de luz solar el chaqué gris, prenda puramente inglesa que como consecuencia de su procedencia sigue el protocolo inglés,  no tiene cabida.
A su favor apuntaremos que tuvo el detalle de cambiar dicho chaqué gris por un más apropiado traje azul marino para presidir el banquete. No hubiera estado de más, sin embargo, que hubiera tenido la clase mínima que se exige a un miembro de la Corona como para no desprenderse de la chaqueta en el trayecto al banquete. Igualmente, los buenos modales habrían agradecido que el Príncipe Nicolás hubiera permanecido con ella abotonada durante las felicitaciones.
Desde esta columna siempre hemos destacado la necesidad de vestir acorde a la importancia del evento que se asista. Por ello, no somos partidarios, en contra al parecer de la opinión de la mayoría de los asistentes, de vestir en un banquete Real como haríamos en la oficina.
Imágenes para el olvido son la del Príncipe Guillermo de Holanda vistiendo un traje diplomático. No nos cabe duda de que algún negocio debería traerse entre manos el Príncipe holandés cuando se decidió por vestir el atuendo por excelencia de los negocios. No menos impactante fue observar como el hermano de la novia vestía con su chaqué un cinturón en vez de los obligados tirantes.
Si ya nos parece absurda la extendida moda por parte de los ejecutivos de ciertas empresas de vestir corbatas corporativas, no nos parece más acertado hacer lo propio con los colores de la bandera del país anfitrión. Si las fotos de las que se han hecho eco los principales medios son una muestra válida de las corbatas vestidas por los asistentes, nos tememos  que nos enfrentamos a una nueva ola de corbatas carentes de originalidad y personalidad.
A pesar del deslucido cochero y a la jardinería que adornaba el coche de caballos encontramos caballeros que, a pesar de la vulgaridad reinante, aportaron con su atuendo la seriedad que un enlace como éste se merece. Así pues, el Príncipe Felipe, quien vestía un traje de exquisito corte, para nuestra sorpresa supo combinar de forma francamente elegante éste con los colores tanto de su camisa como de su corbata. Solo la ausencia del indispensable pañuelo de bolsillo y su excesiva fidelidad a los zapatos de hebilla restaron la formalidad que dicho evento requería y deslucieron en alguna medida al heredero más elegante. Si bien, como hemos comentado en varias ocasiones, los zapatos de hebilla son una perfecta opción para el día a día, una boda real, por su grado de formalidad, exige la vestimenta de unos obligados Oxford lisos negros.
A pesar de la elegancia del Príncipe Felipe, fue nuevamente el Duque de Kent quien mejor sabor de boca nos dejó. Su impoluto traje cruzado unido a ese estilo tan personal y natural lo convierten hoy por hoy en uno de los mejores hombres vestidos del planeta.