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A renglón seguido

Blatter, vete al wáter

Julio 15, 2014

Ha concluido el Campeonato Mundial de futebol con regusto amargo para la selección de Argentina, alcanzando, como su propio nombre indica, la medalla de la plata. Mejor paladar –amargo también-, aunque fruto de la resaca de cerveza, habrán tenido los aficionados alemanes en la madrugada del domingo al lunes.

Cierto es, que sin haber seguido de cerca el torneo, sí he observado una acumulación de minutos basura durante algunos partidos, que, pretendiendo convertirse por lo galáctico de sus estrellas en encuentros en la tercera fase, no han llegado a pasar de la primera o segunda; España, sin ir más lejos,… en la primera ronda de enfrentamientos.

Han ofrecido la impresión algunos equipos de que cobraban por acumulación de minutos jugados; corridos quiero decir, cuando no andados; y sin dar una a derechas o a izquierdas. Encuentros maratonianos con cariz de largometrajes de ciento veinte minutos de incertidumbre y sopor, donde al factor del miedo imperaba, hasta llegar a la lotería de la pena máxima.

La primera sorpresa la sufrimos en nuestras propias carnes en calidad de espectadores, y, simultáneamente, en las de los bolsillos de cada jugador español, que aspiraba, no solo a inhalar el olor de más de 700 mil euros –caso de ganar el mundial-, sino a engordar sus “esquilmadas” cuentas tan poco corrientes.

¿Acaso no era suficiente estímulo ese buen puñado de monedas, que apañada dejaría la vida a cualquier aficionado? Sabíamos que el dinero no da necesariamente la felicidad, pero sí te envía a la “miseria” de unas inmerecidas vacaciones no justificadas por la previa falta de rendimiento laboral deportivo a nivel mundial.

¿Qué habrán contado a sus hijos, parientas y demás familias?, ¿que la liga española es muy larga dura y competitiva?; ¿Qué no se adaptaron al medio ambiente?; ¿Qué no llegaron en buena forma física?

Y para colmo de despropósitos la calma de su regreso a España ha estado a la altura de la mediocridad de su desarrollo profesional, llegando en avión por todo lo bajo y saliendo de tapadillo por la puerta de servicio, mismo que no prestaron en el aeropuerto a los fieles seguidores a su roja, a pesar del sonrojo al que nos sometieron.

El mundial continuó, y algunas frutas balompédicas se recogieron antes de tiempo –la “naranja mecánica”- (Holanda), pero dejando buen sabor de boca en su comportamiento, excepto para nuestras papilas gustativas que saborearon la hiel de la derrota con cinco gajos de los vangaalianos, que atragantaron las gargantas de las esperanzas de los aficionados españoles.

De la mano de la humillación se retiraron en semifinales asimismo los brasileiros con un equipaje de siete goles en contra, y tres más en la consolación… ¡y gracias!

Alemania, impecable –ya vol-, se ha alzado con el campeonato de forma merecida. Mientras, la gran esperanza albiceleste Messi no “se mojó” ni la sudadera a pesar de ser Balón de Oro; el primer sorprendido, después de mí, habrá sido él.

¡Esta FIFA… Blatter, vete al wáter!
Paco de Domingo