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Mi Tribuna

Bienvenidos al Senado a los “nuevos viejos”

Julio 12, 2015

No es una cuestión de fijación personal. Más bien de criterio en una etapa social donde se mira mucho esto del decoro público. Las últimas elecciones autonómicas y municipales han dejado demasiados efectos secundarios personales. Quiero decir, muchos políticos profesionales sin cargo al que agarrarse y entregados a la voluntad de su partido para encontrar un acomodo


Es entonces cuando se aprecia el verdadero sentido del Senado para comprender mejor la encarnizada defensa que hacen de su discutible permanencia aquellos entregados a la causa de la Cámara Alta.

Si está más que cuestionada su utilidad, es razonable aumentar esa sensación de rechazo cuando se observan los movimientos de personas y escaños indispensables para ubicar a buena parte de los damnificados por las urnas. No es que sea una Cámara de sabios que acuden a aportar su experiencia; ni siquiera es un cementerio de elefantes donde descansan los restos políticos. Es, en esencia, un recogedero de difícil explicación por la mala práctica que se ha hecho de algo tan abstracto como una institución sobrante, incluida en el debate sobre el tamaño de nuestra estructura administrativa donde también se cuestiona a las diputaciones provinciales.

Ese debate se alimenta de nombres. Salta a la vista porque la lista es considerable. En el último pelotón van a entrar las víctimas de los nuevos tiempos políticos: Luis Fernanda Rudí (Aragón), Pedro Sanz (La Rioja), José Ramón Bauzá (Baleares), Alberto Fabra (Valencia) o Rita Barberá (ex alcaldesa valenciana). Antes fue el refugio de otros nombres ilustres de PP o PSOE, que tanto monta. Marcelino Iglesias (Aragón), Álvarez Areces (Asturias), Antich (Baleares) o Montilla (Cataluña), representan eso de la disparidad autonómica en el Senado. Todos, con más pasado que futuro cuando ya se había puesto en marcha un desfile por el pasaron desde Manuel Fraga hasta otros ilustres que siguen en activo gracias a esta fórmula ideal para eternizarse en la política: Joan Lerma, Juan José Lucas, Griñán, Imbroda…

Remuneración considerable

Y todo porque la remuneración de sus señorías permite mantener un cierto status que aporta el pecunio a esa atracción del escaño. Ya está más que contado, pero merece la pena recordar que un senador raso tiene una asignación lineal de 2.813,91 euros, a los que suma 1.822,30 euros exentos de tributación en concepto de gastos por desplazamiento. La cantidad se reduce a 869,09 si pertenece a la circunscripción de Madrid. Quiere decir que el senador convencional ingresa 4.636,29 euros por sus conceptos básicos sin añadir ninguno de los complementos que generalmente se suelen repartir para completar los salarios. Por ejemplo, un portavoz adjunto gana 697,64 euros pero las cantidades aumentan en función de las diferentes responsabilidades que asuman. Además, todos disponen de una tarjeta-taxi para desplazarse por Madrid con un máximo de 3.000 euros anuales y cobran 0,25 por kilómetro justificado si el desplazamiento es por motivo de trabajo. Por último, el Senado pone a su disposición teléfono móvil, ordenador portátil, tableta y un despacho propio o compartido. Con estos argumentos económicos, es difícil pensar que algún día el Senado dejará de tener sentido. Son demasiadas cuotas por cubrir y los partidos no están dispuestos a asumir ese desgaste interno.

El monstruo creado es demasiado grande e incluso los colores políticos que acaban de entrar en las instituciones ya han mostrado sus maneras colocando a su lado eso denominado como “personal de confianza”, que se traduce en los enchufes de obligado cumplimiento de los que nadie parece librarse.  Entre estos y los nuevos viejos que invaden el Senado la sensación es la de siempre. Un político acuñó aquella definición de “más de lo mismo” que encaja perfectamente en esta historia protagonizada por los que nunca se van.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

Director de Tribuna Valladolid