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Mi Tribuna

Bienvenidos al circo de la campaña electoral

Diciembre 7, 2015
debate

Como estamos en campaña, todo es amabilidad, disposición, accesibilidad. Hay, estas cosas de la campaña que transforman a los políticos de una manera, a veces, absolutamente vergonzante. ¿Sabían que ha habido un estudio para valorar quién ganó en el programa de Bertín Osborne en el supuesto duelo de invitados que lidiaron, con una semana de separación, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy? Pues lo hubo, y el resultado fue apabullante hacia el lado del presidente del Gobierno. Por lo visto, resultó más sincero y humano que el líder del PSOE, al que se le atribuye una excesiva dosis de actuación en ese boom que es ‘En tu casa o en la mía’.

Pues eso. Los mejillones, la empanada, el queso, el albariño y el evidente apetito de Rajoy tuvieron más éxito puesto que no solo ganó en esta valoración tan particular, sino que batió el propio récord de audiencia del programa con más de cuatro millones de espectadores.

Pero eso, la campaña. Rajoy golea al futbolín y ofrece un mitin subido a un banco de un parque. Eso de coger altura para tener visión fue en Benavente, donde repitió el modus operandi de hace nueve años cuando, entonces en la oposición, visitó esta localidad zamorana y le tenían preparado un boicot los que entonces formaban una plataforma que pedía un hospital para el municipio.

La suma insuficiente de PSOE y Ciudadanos

La campaña, que estamos en eso, ha arrancado con el CIS haciendo de las suyas y los partidos se han puesto manos a la obra sabedores de la fiabilidad de este profundo sondeo. “Mira, firmo ahora que el 20 de diciembre salga lo mismo”, me decía un alto representante del PP en Castilla y León horas antes de la pegada de carteles. Pero el análisis no se cimentaba en el triunfo popular. Más o menos, todas las encuestas ofrecen ese vaticinio castigado con una importante pérdida de escaños que recoge Ciudadanos mientras el PSOE asiste atónito a su propio hundimiento sin encontrar la medicina para este desangrado sin cura aparente.

El dato que más valoraba este dirigente radicaba en una suma insuficiente: PSOE y Ciudadanos estarían lejos de lograr la mayoría, asumiendo que los naranjas nunca pactarían con Podemos. Eso es, otra victoria amarga para gobernar pero ahora con el látigo de Albert Rivera continuamente azotando en lo que sería la acción del nuevo Gobierno.

Esa es la principal especulación, dentro de las muchas que se dan en estos días de una intensidad informativa que, sinceramente, no sirve para nada. Los políticos, quieran o no, se han convertido en un mal necesario que la gente acepta como ineludible parte del paisaje cotidiano. Otra cosa es confiar en ellos y en el futuro de las acciones que deben afrontar.

Albert Rivera es la clave. Ciudadanos es la clave y por eso desde la izquierda tratan de aniquilar al enemigo que les acecha argumentando que se trata de una fotocopia del Partido Popular. Comentábamos hace tiempo que el criterio de Rivera debería estar determinado antes de las elecciones. Quiero decir que un potencial votante de Ciudadanos debe saber si este partido apoyará en un sentido u en otro; al Partido Popular o al Partido Socialista. No saberlo será una decepción y, en cierta medida, también un fraude.

Ciudadanos debe ser claro sobre el futuro

Ciudadanos tiene votantes que han mutado desde el PP, pero también resta al PSOE y ahí están los datos del CIS para corroborar el acercamiento hasta el punto de hacer peligrar el segundo puesto al partido del artificial Pedro Sánchez. ¿En qué lugar quedaría un nuevo votante de Ciudadanos que emigra de votar al PP si contempla un pacto con los socialistas? Todo esto debería formar parte de las prioridades de Rivera para que no existan dudas. O mantener aquel criterio de apoyar a la lista más votada. Lo que sea mientras llegue de una manera ordenada que evite cualquier mal pensamiento futuro. Ciudadanos es la llave y Rivera un líder indiscutible que debe medir sus palabras y cuidar su imberbe red provincial donde ya ha tenido más de una fuga.

El PP se conforma con el resultado que marcan las encuestas. Gana y puede gobernar, aunque sea de la mano de un partido que apuesta por la eliminación del Senado y las diputaciones provinciales. ¿Cómo se digiere eso? De momento dando una patada a seguir a estos días frenéticos de actividades dirigidas más al ruido que las nueces, pero cuyo sonido puede resultar determinante para convencer a ese alto porcentaje de indecisos absolutamente determinantes.

Es evidente que tan importante como el 20 de diciembre serán las fechas posteriores de pactos y acuerdos donde realmente se acabarán de rematar las elecciones generales. Y aquí hay quien juega a corto plazo (el PP) y otros que lo hacen pensando a cuatro años vista (Ciudadanos). Pero no nos podemos olvidar de los detalles que también ha retratado el CIS. El más relevante es que el PSOE no detiene su caída pese a haber ganado poder territorial tras las últimas municipales y autonómicas. Esto tiene descolocado a los dirigentes socialistas provinciales que no entienden las razones de su teórica debacle. Claro que, si miramos al fondo, vemos la sombra

de lo que quiso ser Podemos y las cenizas de Izquierda Unida y UPyD. Los que fueron partidos de significado en los últimos tiempos hoy zozobran en las aguas por las que navega Ciudadanos, un producto de moda que debe quitarse muchos cascarones ahora y después.

Mientras tanto, que viva la campaña y los mítines subido en un banco, charlando con Bertín o lo que sea para sumar votos. Esto de la política ha pasado de ser una profesión seria a un circo que tiene de todo: payasos, domadores y funambulistas.

Félix Ángel Carreras

@fcarreras68