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Mensaje en una botella

Berlusconi, vuelve el macho

Noviembre 4, 2010

Este hombre no puede reprimir la furia que esconde bajo sus pantalones. El cinturón es incapaz de contener sus erupciones y la bragueta no basta para evitar que desenfunde su arma siempre cargada. Silvio Berlusconi está labrándose un porvenir en las artes amatorias que podrá asegurarle un retiro dorado cuando abandone la política. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo entre cargos electos si puedes dedicarte a ir a la carga de la presa que tú elijas?…

Il Cavaliere desata las iras de las mujeres por sus desaires machistas, de los varones heterosexuales por avergonzar a los de su condición y de los varones homosexuales por su desprecio a los hombres que no son heterosexuales. O sea, que Berlusconi logra atraer el desdén de todo el que le rodea. Indiscutiblemente estamos ante un fenómeno de la naturaleza.

Un casanova o un donjuán

El primer ministro italiano sueña con ser el Casanova del siglo XXI. Sus remilgos no parecen existir porque no hace ascos a fémina alguna: da igual su condición, su profesión o su edad. Silvio Berlusconi intenta prodigarse entre las damas a imagen y semejanza de Giacomo Casanova, el conquistador italiano del siglo XVIII conocido por su depurada técnica.

Tales fueron sus hazañas que el término casanova identifica al “hombre famoso por sus aventuras amorosas”. Así lo define el Diccionario de la Real Academia Española, en el que encontramos su equivalente español en el término donjuán. “Seductor de mujeres”, dice el diccionario al definir donjuán. Berlusconi es un casanova porque nació en Italia. Nadie duda de que aquí sería un donjuán. Pero aquí no hay un político como el primer ministro italiano. Por ahora.

Macho ibérico metrosexual

¿Se imaginan a un Berlusconi a la española? Imaginemos a un macho ibérico de pura cepa menos preocupado por vestir a la última, por el injerto de pelo o por estirarse la cara hasta convertirla en una pista deslizante. Podemos imaginarlo. Claro que también cabe imaginar a un macho ibérico más metrosexual. Hay diversas variantes, pero todas comparten en una característica esencial: se trataría de un hombre metido a político pero con aspiraciones de amante de salón.

Tiene ese aire de galán entrado en años que ha probado casi todo pero que casi nada ha saboreado. Es un hombre de mirada pícara pero desvalido en el fondo. Pasa por la vida como quien pasa por una tómbola y acaba perdiendo la ilusión de que su número salga premiado. Pero él no puede permitirse transmitir al mundo una amarga sensación. Todo lo contrario. Su objetivo es ser admirado, idolatrado y envidiado.

Con Berlusconi vuelve el macho, ése que no sabe de rechazos porque es capaz de franquear las almenas más difíciles de alcanzar, ése que porfía en hacer suyas a las damas más impermeables a sus encantos, ése que es inasequible al desaliento porque saca fuerzas amatorias de flaquezas verbales. Con Berlusconi vuelve alguien o algo que creíamos que no existía. Pero existe. Está vivito… y coleando.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com