Menú Portada
Otras opiniones

Belén Esteban da la cara

Diciembre 21, 2009

Fue el pasado viernes cuando me encontré en los pasillos de Telecinco a Belén Esteban y pude comprobar en exclusiva su nuevo rostro. Estaba exultante, inmensamente feliz, “superfeliz” como diría ella. Tengo que reconocer que la operación le ha sentado bien y está mucho más guapa.
Yo soy una de los miles de fans que tiene la Esteban porque siempre me ha atraído la naturalidad y la espontaneidad. Ella no oculta que es la voz del pueblo y ese es el secreto de su éxito: dice lo que piensa cuando le viene en gana utilizando esos vocablos castizos y ese lenguaje vecinal de pueblos y barrios del extrarradio. Por eso me gusta, porque nunca se avergüenza de nada y nunca ha ejercido de trepa ni de tonta de tres al cuarto venida a más como tantas niñas monas que trabajan en lo mismo.
Belén no necesitaba operarse por su imagen pública ni por salir en la tele, ni tampoco por los comentarios de la Campa. Pese a quien le pese, Belén siempre fue guapa, incluso cuando estuvo fea, porque del corazón no le han operado nunca. Esa es su gran baza, un corazón enorme que no se puede ocultar. A la gente que le sigue le da igual si Belén tiene ojeras o una nariz más o menos hundida. Lo que todo el mundo quiere es verla feliz y saludable y sobre todo, verla.
Me producen tristeza comentarios como “<strong>Belén tenías que operarte porque la imagen en televisión es muy importante” o “Belén tenías que operarte para que la gente y el padre de la Campanario no te critique más”… ¿No es patético que a una persona se la juzgue únicamente por una imagen o por lo que digan los demás?

Manda a muchos al quirófano

Siempre critican los que más deberían de callar y desde luego los que menos se miran al espejo. Lo importante no es que se haya operado sino que ya no tenga que volver a pasar jamás por el quirófano. Ojalá se pudiese operar el alma… Si así fuese, mandaba a muchos de sus compañeros al quirófano. Buena falta les hace.
Querida Belén, ahora empiezas otra vez de cero siendo la misma que eras, por eso el único consejo que me atrevo a darte es que no vuelvas a mirar a la cara a todos esos que te la destruyeron un día. No vuelvas atrás ni para tomar impulso y da la espalda a todo y a todos aquellos que trataron de hacerte a su imagen y semejanza. Huye despavorida del pasado y comienza una nueva etapa en la que sólo los que te quieren de verdad sean los que continúen contigo.
 

Carmen Lomana: la extorsión del monopoly

La otra cara de la moneda es Carmen Lomana. A esta la recomendaría que deje Ortega y Gasset y se integre un poco más en la vida de San Blas. No estaría nada mal que la Esteban la diese unas clasecitas de naturalidad y buenas maneras.
Ahora, Lomana declara una guerra a una agencia de prensa y a una cotizada periodista, otrora amiga suya, por algo que ella entiende como una extorsión. La historia es muy simple pero la señora Lomana ha montado un circo para rentabilizarlo en las televisiones y en los Tribunales.
La historia comienza cuando una periodista decide hacerle el favor a Lomana de intentar retirar unas fotos en top less de una famosa agencia de prensa. Por este motivo avisa a la Rubia y le pone en aviso. Lomana decide invitar a la periodista y al director de la agencia a su casa, previo un maquiavélico plan: grabarles una conversación manipulada en la que donde se dice Digo se entienda Diego.

Sacar de donde no hay

Donde unos entienden que existiría un lucro cesante (lo que dejaría de percibir la agencia por la retirada de unas fotografías que en el mercado costarían dinero), la rubia glamurosa entiende que es una extorsión puesto que se las tendrían que haber regalado al ser ella la protagonista de las mismas. Por ello, interpone una querella criminal donde pide una indemnización tan millonaria como ella.
La fiscal de momento ha pedido el archivo y sobreseimiento de la querella Lomana, que es igual que una querella catalana pero con más glamour por los tintes utilizados.
Mientras tanto, periodistillas sin carrera universitaria se ponen de acuerdo con la Rubia para sacar el falso chantaje en los programas del “corazón” por el módico precio de una promesa a un cocktail o una merienda en Embassy…
¡Todos quieren ser Josemi Rodríguez pero ninguno lo consigue!

Teresa Bueyes