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Los puntos cardinales

Barack Obama busca interlocutor palestino

Abril 16, 2013

La salida de Salam Fayad de la Autoridad Nacional Palestina no ha sido una sorpresa para nadie. El ya ex primer ministro había advertido en varias ocasiones que no estaba dispuesto a seguir compartiendo responsabilidades con el presidente, Mahmud Abbas, habida cuenta de que las diferencias y la brecha entre ambos eran cada día más grandes. Hay quien interpreta esta renuncia como desenlace por las profundas discrepancias sobre las recetas económicas para sacar a Palestina de la grave situación en que se encuentra y por la contestación popular a sus medidas, al tratarse de una entidad a merced de las ayudas internacionales. Precisamente, el hecho de que Salam Fayad hubiese sido funcionario del Fondo Monetario Internacional habría muchas puertas en las que lograr cooperación económica, más allá de ese cierto romanticismo histórico que ha hecho que los países occidentales se sacudiesen el bolsillo sin rechistar para llenar la hucha de Ramala. El dimitido hacía, además, gala de una notable independencia ante todos, aunque ni en Cisjordania ni en Gaza ha sido comprendida, lo que ha motivado con el tiempo que Al Fatah y Hamás no le hiciesen depositario de su confianza.

Una coyuntura complicada

Su abandono coloca a la Autoridad Nacional Palestina en un complicado brete, toda vez que más que nadie Salam Fayad era el mejor interlocutor de la Administración norteamericana. Esa sintonía con Washington ha ido creciendo a lo largo de los años, y se ha consolidado con Barack Obama y con su secretario de Estado John Kerry, como quedó patente en las reuniones de Fayad durante la reciente estancia del responsable de la Diplomacia de Washington en la zona. Por tanto, Abbas se siente liberado por la marcha de alguien tan molesto, aunque el problema de verdad lo tiene a partir de ahora. Si el presidente palestino quiere volver a la mesa de diálogo con Israel, de momento va a ser francamente complicado porque para ello el concurso de la Casa Blanca es imprescindible y sólo Salam Fayad era la persona con la que los americanos estaban dispuestos a trabajar. Sin él, no obstante, sí parece mucho más fácil que Al Fatah y la milicia islámica de Hamás puedan acercar posiciones de una vez por todas después de las intentonas de los últimos cinco años, que no han logrado ningún avance tangible.

Con esta perspectiva, y sin ánimo de hacer futurología en esa parte tan compleja del mapa, si tuviésemos que apostar habría que inclinarse por un cambio en la relación de prioridades del inquilino del complejo de la Mukata o, dicho de otro modo, que es más fácil que Abbas se reconcilie con sus hermanos Ismail Haniyeh y Khaled Meshaal que llegue a romper el hielo con el nuevo Gobierno de Israel. Si se alcanza esa entente entre los dos grupos se habrá creado el escenario para la convocatoria de elecciones en todo el ámbito palestino. Esa cita con las urnas supondría una auténtica prueba para Mahmud Abbás, a expensas del tirón popular de Hamás. Y, lógicamente, ni a Estados Unidos ni a Israel les hace demasiada ilusión el “flirteo” del presidente palestino con el movimiento de resistencia islámica, más aficionado a los morteros que a las palabras. Porque lo más probable es que todo esto no ocurriría con Salam Fayad en el Gobierno de Ramala.

Ángel Gonzalo, Reactor Jefe Internacional de Onda Cero