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No me moverán

Banco malo

Noviembre 6, 2011

Pasemos de la campaña electoral. Pensemos en lo que viene después que es lo importante. Entre los expertos otra vez aparece el rumor financiero del concepto de ‘Banco Malo’. Consiste en sacar los activos tóxicos de los balances de los Bancos y pasarlos a un organismo público para liquidarlos.

¿Qué son los activos tóxicos de la banca?: aquellos que tienen un alto riesgo de ser fallidos. Por ejemplo, un crédito a un promotor financiero respaldado por un solar que ha perdido su valor, porque se ha reducido el precio en el mercado. Lo normal es que el promotor no pueda hacer frente al vencimiento del préstamo. Por eso es tóxico. El Banco tenedor del préstamo debe provisionar la posible pérdida y eso reduce su beneficio. También es tóxico el inmueble que se ha tenido que quedar l entidad financiera procedente de un préstamo fallido y que tiene contabilizado por el importe del principal, más intereses, más gastos de litigio, muy superior a su precio actual de mercado. Otro ejemplo podrían ser los bonos soberanos griegos, que van a ser devaluados.

Los contribuyentes, los paganos

¿Cuál sería el proceso? El Estado compraría los activos tóxicos a un precio pactado. No al valor contable del activo, del préstamo o crédito, lo que figura en el balance; pero, tampoco al valor del mercado, mucho menor que el contable, porque entonces produciría grandes pérdidas a los bancos. Es decir, el Estado correría con parte de su minusvaloración. Dicho de otra manera, los contribuyentes pagaríamos y absorberíamos parte de las pérdidas para proteger a los bancos.

Luego todos los activos comprados por el Estado se acumularían en un Banco, que se llama malo, lleno de activos tóxicos contabilizados a mayor valor que el del mercado. Por tanto cuando se vendan causarán pérdidas. Pocas o muchas según se gestione con eficacia o no el Banco.

Una experiencia dudosa

La duda es: ¿Por qué los contribuyentes debemos cubrir las pérdidas derivadas de la mala gestión de los Bancos? La razón a favor es que entonces los Bancos dispondrían de liquidez y podrían dar créditos, cuya carencia actual es una de las causas del paro, dado que las empresas cierran por falta de préstamos para continuar sus operaciones. La razón en contra es que se incentiva la mala gestión bancaria, porque aprenden que si se equivocan el Estado les resolverá los problemas. Pero, por encima de todo ¿es la mejor inversión de los dineros de los ciudadanos? ¿Serán capaces los gestores públicos de llevar a cabo la liquidación de estos activos con eficacia? La experiencia hace dudar de ello. 

Por estas razones el debate sobre el Banco malo está en el sector financiero y la alternativa no está clara. Se ve como una solución para agilizar el crédito, necesario para que funcione la economía. Pero, con un ‘riesgo moral’ importante al premiar la falta de profesionalidad bancaria y hacer que los ciudadanos la paguen.

Una solución para evitar este riesgo moral es que las aportaciones del Estado se conviertan en capital y ello lleve consigo un cambio de personas en los órganos de gobierno, en el Consejo de Administración, en los bancos rescatados; que sus gestores paguen sus errores perdiendo sus sillones y, en su caso, respondiendo ante los tribunales.

Lo que pasa es que la experiencia, hasta la fecha, es que, salvo casos muy contados, los malos gestores han salido de ‘rositas’. Una razón para desconfiar del concepto del Banco Malo.   

José Ramón Pin Arboledas es Profesor del IESE. Titular de la Cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública.