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No me moverán

Balanzas Fiscales: el egoísmo como motor

Marzo 10, 2014

Con el inicio de los años electorales (2014/1015), que empiezan con las elecciones al parlamento europeo (25 de mayo) se recrudecen los argumentos de cada opción política. En estos días oímos mucho de las llamadas balanzas fiscales por los responsables autonómicos como armas lanzadas unos contra otros y todos contra el Estado. Los estudios de la Generalidad Catalana siempre fueron tradicionales para resaltar el hecho diferencial y el víctimismo. Valencia, Murcia y Baleares hace tiempo que achacan sus males a una falta de suficiencia financiera derivada de un mal sistema de reparto. Madrid las ha argumentado nada menos que en el centro de la sensibilidad nacional que se llama Siglo XXI. Andalucía también las ha sacado de su trastero. Extremadura expone que es necesaria la solidaridad y calcula las suyas. En resumen un lío.

Una Balanza Fiscal es un argumento que equipara los impuestos que se recaudan en un territorio autonómico, con los ingresos que las Administraciones Públicas gastan e invierten en ese mismo territorio. De su suma y resta se deduce si el trato que recibe una Autonomía es correcto o no. Más aún, se pretende extraer si es justo o no ¿es eso verdad?
 
Dificultades de cálculo
La primera observación es que el cálculo de las Balanzas Fiscales no está claramente definido. Cada Autonomía presenta los números de acuerdo con sus propios intereses. En los ingresos que recibe de todas las Administraciones Públicas se pueden incluir diferentes partidas o no. Y, claro está, según se haga una u otra cosa los resultados son distintos. Por eso la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría ha dicho que cada uno hace los cálculos según sus propios intereses; como argumento económico para sus posiciones políticas.
 

El tema es técnicamente tan complejo que ya en septiembre de 2006 un grupo de expertos del Instituto de Estudios Fiscales, del Ministerio de Economía, publicó el “Informe sobre Metodología de Cálculo de las Balanzas Fiscales”. En él se examinaron hasta 36 cálculos distintos realizados a lo largo de los años de existencia del Estado Autonómico. En uno de los Anexos de ese estudio el economista Ramón Barberá Martíexplica la razón de las disparidades en los cálculos.

Los técnicos definen dos modelos básicos de cálculo: el de “los flujos monetarios”, donde sólo se tiene en cuenta el dinero transferido por quienes tienen que ingresar impuestos en ese territorio y los recibidos de las Administraciones Públicas en el mismo, por gastos, inversiones y transferencias; y el de “carga/beneficio” que es más complejo al considerar que los ingresos tributarios se adjudican al territorio donde residen las personas que soportan la carga, al margen de quién pague. En este último, por ejemplo, si un sevillano paga un IVA, que recauda un gijonés y, por tanto, es este último quien lo ingresa en Hacienda, ese IVA debería adjudicarse a Andalucía no a Asturias; sin embargo, en el primer modelo, en el de flujos monetarios, sería al revés. Todo ello indica que no es un instrumento, ni fácil de calcular, ni fácil de entender. Pero, además, hay consideraciones ideológicas que ponen en discusión su utilización.
 

Son los ciudadanos los que pagan impuestos y reciben servicios del Estado, no los Territorios

 

Una parte de los ideólogos políticos consideran que el sujeto fiscal es la persona, no el territorio. Es decir, que los de más renta deben contribuir más que los de menos renta, estén donde estén; y, por contra, los de menos renta deben recibir más transferencias del Estado que los de mayor renta, estén donde estén.

 

Se trata de solidaridad ínter-ciudadana, no ínter-territorial. De acuerdo con esta idea un territorio ocupado por rentas altas debe aportar a otro ocupado por bajas, sin que ello suponga una injusticia, sino que es un deber de solidaridad. En ese sentido sería absurdo que los que se consideran progresistas utilicen las Balanzas Fiscales como arma política. Es una actuación reaccionaria. Sólo desde el egoísmo se pueden utilizar.

 

Además, en muchos casos, las rentas altas se generan en un territorio debido a que sus empresarios gana dinero con el negocio que hacen en otros territorios con rentas bajas ¿No debe el Estado corregir en parte ese desequilibrio? Si lo hace por una parte corrige desequilibrios de renta entre ciudadanos y, entre otras cosas, estará ayudando a que los empresarios de los territorios ricos cada vez hagan más beneficios en sus negocios con los territorios pobres. Con ello todos salen beneficiados. Ese es el sentido realista de la solidaridad.

 
Gobiernos locales egoístas, incluso los llamados progresistas
 

Lo que ocurre es que los políticos no piensan sólo en los ciudadanos, también lo hacen pensando en su sillón. Los Gobiernos de las Comunidades Autónomas quieren más dinero para tener más poder. Si tienen más dinero, entre otras cosas, podrán invertir más y dar más subvenciones, un arma electoral de primer nivel. Por eso argumentan con sus Balanzas fiscales.

 

Puro egoísmo como motor de la acción política. Repito, lo curioso es que también lo esgriman quienes se llaman progresistas o de izquierdas, los llamados defensores de la solidaridad, los que debieran ser internacionalistas en lugar de localistas.

J. R. Pin Arboledas, Profesor del IESE, Director del Executive MBA, Madrid