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No me moverán

¿Bajar impuestos?

Mayo 27, 2013

La polémica está servida. Dirigentes críticos del PP y expertos nacionales e internacionales abogan por bajar los impuestos. La izquierda no quiere ni oír de ello. Al revés, propugna subir los impuestos a: a) las fortunas; b) las rentas altas, recobrar el impuesto de patrimonio; c) ajustar el impuesto de sociedades para que suba su tipo real en las grandes empresas (está oficialmente en el 30%, pero gracias a la “ingeniería fiscal” pagan menos del 15%); y d) luchar más contra el fraude fiscal.

El Gobierno está entre dos aguas. Proclama su interés en bajar los tipos impositivos en cuanto pueda. Sin embargo, argumenta que ahora no es posible. Los compromisos de reducción del déficit adquiridos con la UE se lo impiden. Mientras tanto, se compromete a luchar contra el fraude e intenta que las empresas paguen más eliminando deducciones y desgravaciones fiscales.

¿Quiénes tienen razón, los partidarios de bajarlos o los que dicen que no se puede o, incluso, preferirían subirlos?

La servilleta de Laffer

 En los años setenta un economista, Arthur Laffer, en el restaurante Two Continents de Washington comía con Dick Cheney, asesor del Presidente de EE.UU. Discutían sobre el tipo impositivo (el porcentaje que se aplica sobre la base imponible para calcular lo que hay que pagar en cada impuesto). La tesis del economista era que cuando estos tipos  se suben demasiado, en lugar de recaudar más, se recauda menos. Para explicárselo a su comensal se lo pintó en una servilleta de papel. La figura que le salió fue la siguiente:

 
 

La interpretación es sencilla. Si el tipo impositivo medio supera t 2 *, en lugar de recaudar más se reduce el ingreso del Estado. Si fuera t3 se recaudaría R3, menor que R2 ¿Las razones? Varias. La primera es que los ciudadanos deciden no trabajar más, porque no les compensa el esfuerzo. Calculan que les produce más utilidad el ocio, dado que de sus ingresos adicionales una gran parte se va a las arcas públicas. Eso hace que se reduzca la actividad económica, se generen menos rentas y disminuya la recaudación de impuestos. Otra razón es que aumenta la propensión al fraude. Los ciudadanos prefieren correr el riesgo de no pagar porque la recompensa es alta. Por último en una economía globalizada las inversiones se desplazan hacia países con menor presión fiscal.

Por el contrario, la bajada de impuestos cuando el tipo ha superado este t2*las personas disponen de más dinero, consumen más, eso aumenta la producción y, al aumentar la base impositiva. El Gobierno recauda más aunque haya bajado el tipo impositivo. 

¿España está por encima o por debajo del t2*?

Por tanto, según Laffer, si España hubiera superado el tipo t2* deberían bajarse los impuestos. Con ello se crearían puestos de trabajo y, además, el Estado recaudaría más reduciendo el déficit. El problema es que no hay estudios definitivos para saber cuál es ese tipo impositivo t2* y, en todo caso, depende de las circunstancias y de cada país, que varían con el tiempo.

Lo que sí se sabe es que España en 2012 era uno de los cinco países europeos con tipos impositivos teóricos más altos en IRPF, IVA y Sociedades. Sólo Bélgica, Dinamarca, Francia y Suecia los tenían superiores. Encima ha sido uno de los países de la zona euro donde más a crecido la presión fiscal en los últimos años. Todo ello deprime el consumo y dificulta crear puestos de trabajo.

En todo caso lo que sí parece razonable es que la subida o bajada debe hacerse selectivamente y después de concienzudos estudios, no siempre al alcance de los que opinan sobre este tema. En España, cualquier variación en el IRPF afecta más al consumo que las variaciones del IVA, porque a través de las deducciones a cuenta en los sueldos, si se sube o baja el tipo del IRPF, se quita o se da dinero a los asalariados. Por tanto se influye directamente en la propensión al consumo, es el Estado el que quita o da liquidez y decide por ellos.

 Por el contrario, si se sube el IVA el empleado dispone de dinero y será él el que decida si lo gasta o no en función de la carga fiscal que suponga el consumo. Además el IRPF, al recaer sobre los salarios, actúa como un mayor coste del trabajo que reduce la competitividad de las empresas. Eso grava la producción y disminuye el impuesto de sociedades. Mientras que el IVA grava a otros componentes de la producción como las compras de materiales y también puede disminuir el beneficio y los impuestos sobre él. También puede decirse que es una figura impositiva que favorece la exportación al no gravarla. Una venta al exterior no paga el 21% de IVA.

Un tema de técnicos hacendistas

Como se ve no es un tema fácil. Para tomar decisiones se necesitan conocimientos que no todos los que opinan tienen. Son los hacendistas los que pueden realizar los cálculos y no siempre hay modelos econométricos fiables disponibles. Así que lanzarse a defender una postura u otra sin esos estudios puede rayar en la imprudencia. Pero no hacerlo puede ser un pecado de omisión. En todo caso el debate está servido.

J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE