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¡Qué fuerte!

Azucar y Canela

Abril 3, 2012

Estoy cansada. De la política, de los de aquí y los de allá, de que unos hablen de otros, de que se critique, de que cada día no haya ni una sola buena noticia sobre nuestra economía ni sobre nada en general. De que se lleven de un sitio y de otro, de que unos vivan a costa de otros, en fin… hastiada, harta.

Esperemos que estos días de descanso sirvan para reavivar un poco la economía del tercer sector y, sobre todo, para calmar los malos ánimos, para descansar la mente y reanimar el alma. Ofertas de última hora en destinos turísticos que no llenan al 100% como antes. Vuelos baratos, si la huelga de pilotos no lo impide, para destinos exóticos o no, que no se llenaran de españoles como otros años.

El pueblo de los abuelos

Es lo que hay. La economía aprieta así que, mejor ir al pueblo de los abuelos a descansar, que eso cuesta poco y se desconecta más y mejor. En estos pueblos que se llenan de forasteros estas fiestas, ya huele a azúcar y a canela. Cosa mala si está a dieta. Vaya olvidándose y ya retomará la operación bikini a la vuelta, porque estos días se preparan los mejores dulces y postres en todos los rincones de nuestro país. Torrijas, rosquillos de vino, flores, pestiños, buñuelos y un sin fin de manjares que llenan los escaparates de pastelerías, alacenas y despensas de las casas. Harina, huevos, azúcar, vino, canela, leche y aceite. Hornos calientes y manos expertas que amasan como amasaban antiguamente sus antepasados, con cariño, con amor y con sabiduría.

Mientras se hacen los rosquillos, en familia, se habla de la vida, de cómo pasa, de los que ya no están y de los que han nacido. Las manos moldean la masa mientras se ríe por algo o se llora por alguien. En definitiva, siempre el recuerdo. Los niños al lado van aprendiendo, ayudan y ponen en medio, pero alegran el qué hacer. Después, se comenta entre las mujeres quién ha hecho qué y cuántos. Y así pasan los días en estos pueblos, entre el olor a incienso, a cera, a flores, a tierra mojada y a azúcar y canela. Así la mente y el alma se evaden hasta que haya que volver de nuevo a la cruda realidad.     

Rosana Güiza

rguiza@extraconfidencial.com