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A renglón seguido

¡Ay la Virgen!

Mayo 4, 2014

Con alguna frecuencia, nada modulada, aparecen de vez en cuando personajes que, sin ser expertos en la tan afamada alta cocina de nuestro país, –ha vuelto a repetir los éxitos de antaño a nivel internacional-, desean ser perejil de muchos guisos, consiguiendo ligar desaguisados evitables, pringando la normalidad de la laicista democracia con la salsa de sus decisiones,  manchándonos el intelecto, y agriando el buen gusto por la gastronomía de la sensatez del ciudadano aconfesional.

Dicho de otra forma, hay quien quiere ser: no sólo el niño en el bautizo católico, el novio en la boda catedralicia y el muerto en el cristiano entierro –acaparando todo el espectro de tradiciones posibles-, sino también el cura celebrante de las anteriores manifestaciones y el santo en la hornacina.

Todas estas cualidades, y alguna más –¡Dios nos asista!-, son las que atesora un tal Jorge, quien, para más INRI, es tocayo de Su Santidad de Roma; lo que faltaba. Sus apellidos son Fernández Díaz, con lo que, con este volumen de pistas, deducirán que se trata de nuestro Ministro de Interior.

Quizá aceptara esta cartera por lo del recogimiento introspectivo al que debe de someterse a diario, por lo dado que es a tener a flor de boca y a pedir de la misma a determinadas figuras de la religiosidad –pasadas y presentes-, y de la imaginería popular; la del pueblo… quiero decir.

Recordadas son: la entrega en 2012 de la Gran Cruz del Mérito de la Guardia Civil a la aragonesa más célebre después de Agustina, la Virgen del Pilar, y más recientemente en 2014 la Medalla del Mérito Policial a la Virgen  del  Amor, si bien esta última  condecoración  será supervisada por un Juzgado a fin de dilucidar si encaja en la caja de las exigencias y capacidades desarrolladas por la galardonada, de acuerdo  con el protocolo establecido para la concesión.

Territorio de lo privado

Se observa que no soy practicante, ni de jeringa, ni de los de santiguarse; pero hay que jeringarse para hacerle partícipe del esfuerzo –voluntario u obligado-, de la entrega y generosidad humana, con el reconocimiento y adjudicación de los premios civiles, a referentes inmateriales de piedra, barro o madera.

Las adoraciones y las veneraciones son muy respetables. Las creencias deben de formar parte de cada uno, del territorio de lo privado, pero no pueden imponerse, y menos desde la responsabilidad de un representante de lo público, a golpe de talón, con el calzador del capricho por el mero hecho del puesto que se ocupa, haciendo que caminemos con una china en el zapato de la sinrazón y del antojo, por ser vos quien sois.

Si un cargo ministerial civil tiene que echar mano de la figura de Santa Teresa de Jesús para aliviar parcialmente nuestros terrenales males con la seguridad de su presencia espiritual entre nosotros, apañados estamos entonces los administrados.

Por supuesto que el Papa Francisco ha sido invitado en 2015 para los actos del quinto centenario del nacimiento de la abulense. Amén.

Paco de Domingo