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Otras opiniones

Aún estás a tiempo. Tienes el resto de tu vida

Julio 10, 2014

VUELA

Tenían muchas cosas en común. Especialmente, salir a juguetear junto al lago. Estos momentos, surgidos de la nada como espuma, ocupaban grandes espacios en sus cortas vidas. Momentos importantes habían tenido lugar aquí. Cuando le falló el corazón a él y dejó de acudir a estos encuentros, a ella se le hizo muy difícil continuar con esta costumbre. Cuando finalmente falleció, un amargo sabor tiñó las ramas de los robles y las aguas se tornaron más grises. Sería su bosque encantado siempre. La hembra de jilguero batió las alas en señal de luto y se encaramó a su nido, que encontró más vacio que de costumbre.

VICIO CALCULADO

No era la primera vez ni sería la última. Sacó un puñado de monedas del bolsillo y las sujetó firmemente entre los dedos. Tenía un instinto especial para olfatear estas cosas. Se dirigió a la que estaba en el medio de la cuarta fila. Depositó una de las monedas en la ranura. Oprimió el botón luminoso, no sin antes respirar hondo y recitar una oración en silencio. Las ruedas de colores giraron y la máquina empezó a iluminarse. Recogió de la bandeja un suculento premio en metálico.

Al salir, otra de las máquinas tragaperras le guiñó un ojo. No se dejó seducir y cautamente, marchó con su botín. 

DECORACIÓN

Había algo en esa persona que no había visto antes. Hacía varios años que acudía a esta consulta y para su sorpresa, sintió que la observaba de forma distinta. Quizás era el ángulo desde el que miraba. Quizás no, porque había ocupado todos los asientos de la sala de espera durante este tiempo. Era el rictus de su boca, que resultaba inquietante. ¿Cómo era posible no haberse percatado anteriormente? Ahora daba con ello: le recordaba a su temido abuelo, con las canas bien peinadas hacia atrás y ese aspecto de salirse siempre con la suya.

Cuando salió de la consulta, no dirigió la mirada al cuadro de la pared.

PASADO OSCURO

Llegaba tarde al cumpleaños de ella. Tarde, bebido y acompañado de un amigo. Ella mostró gran indignación cuando lo vio. Posiblemente estaba indignada antes de que él llegara, pero su estado no mejoró las cosas. Él apenas se dio por aludido, y en su lugar hizo algunas bromas inoportunas. Ella se disgustó enormemente, él se lamentó por ello. Los invitados mostraron su solidaridad hacia ella con gestos de ánimo, mientras que él se mostraba insensible, posiblemente sin percatarse de lo ocurrido. Años después, cuando le recordaron la escena, sintió pesar por lo que había sido y cómo se había comportado.

       Me hubiera gustado que se me recordara por mejores motivos – susurró.

Aún estás a tiempo. Tienes el resto de tu vida, apuntó firmemente su recién estrenada conciencia.

SOÑADOR

En su camino al trabajo, pasaba a diario por delante de una floristería. Le maravillaba el colorido y la fragancia que impregnaba el aire en los días con viento. Pero atrapaba su atención de forma especial quién regentaba el puesto del parque. Unos ojos oscuros que resaltaban entre gardenias y jazmines. Cada día la miraba y sonreía, sin detenerse. Cumplió un año intercambiando sonrisas. Algunos días pensaba más en ella, algunos otros pasaba de largo sin darse cuenta. Algunos días eran lluviosos y no había puesto en el parque. Esos días, no sabía dónde poner su cuidada sonrisa. Había mañanas de primavera y noches de invierno. Y había días en que se preguntaba cómo era posible que no hubiera hablado con ella. Al fin comprendió. No era por las flores, ni por el viento, ni por la lluvia. Ni siquiera era por ella por quién pasaba todos los días en su camino al trabajo. Lo hacía por él.

Se había enamorado de la imagen de una vendedora en un bucólico puesto de flores.

 

© Javier González Cantarell