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Otras opiniones

¿Atajos en el caso Bretón?

Febrero 17, 2013

Que me devora la indignación, que me irrita la corrupción, que me enfurecen los desahucios, que me revienta ver a ladrones a manos llenas caminando por la calle, que me ortiga el alma ver la diferencia vara de medir de la Justicia, esa que debía ser ciega… Y le confieso que a veces me alteran los errores humanos, los míos los primeros, pero el fallo involuntario y el perdón nos hacen humanos. Es la tendencia a saltarse las normas y a creerse por encima de la Ley lo que realmente enerva.

En los últimos tiempos, ha crecido en mi la sensación de que bajo toneladas de tierra y piedras han sido enterradas la limpieza, la Justicia, la rectitud… Y yo quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes, como diría Miguel Hernández. Tanta indignación se acumula en mis entrañas que por doler me duele hasta el aliento. Y la única forma que tengo de apaciguarlo es trasladándole a usted semanalmente lo que me ronda la mente.

¿Se ha respetado la ley?

Hoy le quiero hablar de los tufos racheados que se empiezan a olisquear cuando te aproximas a la instrucción de caso de José Bretón. Tengo la convicción personal de que el individuo es culpable y debería pagar su crimen con muchos años de prisión, pero reconozco que soy humano y me puedo equivocar. Dicho esto, lo que me parece intolerable en esta o en cualquier otra investigación es que se hayan podido coger atajos o se hayan podido hacer trampas para resolver el caso. Mañana puedo ser yo, usted, nuestros padres, hermanos o hijos los que estén acusados y seguro que tanto usted como yo querríamos que todo se hiciera respetando la Ley. 

Digo todo esto porque el abogado de Bretón, José María Sánchez de Puerta, presentó la semana pasada su escrito de defensa. Pide que se anulen “todas las pruebas obtenidas con flagrante violación de los derechos fundamentales…”. Si lo consigue, Bretón caminará libre en unos meses. ¿Y de quién será la culpa? El abogado es la respuesta fácil. Cometeríamos un error. El fallo sólo sería imputable al máximo responsable de la instrucción, el juez Rodríguez Lainz. El magistrado, en vez de abrillantar desde hace unos meses la medalla blanca concedida por la Policía (el refrán de la mujer del César se lo pasaron por el arco del triunfo) y que le cuelga de la pechera, debería haber garantizado que todo se hiciera de acuerdo a la Ley. Deduzco que Puerta, entre otras cosas, esgrimirá que su voz ha sido grabada en intervenciones telefónicas y eso es vulnerar el derecho de defensa. Que se lo digan a Garzón.

El juez en entredicho

Y si se demuestra que Rodríguez Lainz ha cometido errores que favorezcan la libertad de Bretón, ¿qué pasará con él?, ¿tendrá la dignidad de devolver la medalla que jamás debió aceptar?, ¿asumirá alguna responsabilidad?, ¿será castigado y apartado de su puesto como le ha pasó a la famosa perito? Pues va a ser que no. ¿Y es justo que unos sean sancionados y otros no?

También me pregunto que le pasará a ese Fiscal Jefe, que no olvidemos que es garante de la legalidad. He de reconocer su amabilidad y educación, pero ha patinado asegurando que puede demostrar todo lo que pone el escrito de acusación. A mis ojos una bravuconada, aunque hoy no voy a entrar en detalles para que nadie me acuse de dar pistas.

Sánchez de Puerta no es un imbécil ni es tonto. Todo lo contrario. Su escrito desde un punto de vista estrictamente legal es valiente, brillante y arriesgado. Afirma que la Policía rompió la cadena de custodia y sin permiso del juez le enseñó de tapadillo los huesos al Profesor Francisco Etxeberría para que dictaminara si eran animales o humanos. Puerta tendrá que probarlo. Si lo hace se demostrará que el responsable de la investigación tuvo miedo a hacer el ridículo en público y para preservar su ego e imagen recurrió a una trampa despreciable que puede abrirle la puerta de la cárcel a Bretón.

Puesta de sol

Además, el error en este caso sería doloso, es decir, voluntario y se merecería castigo. Delito tipificado en el Código Penal. Alguno podría acabar de patitas en la calle. No se puede jugar con el Estado de Derecho por el que nuestros padres lucharon tanto.

Puerta incluso apunta a que existe un preinforme anterior al oficial y que ese documento no fue entregado al juzgado. Es decir, que a Puerta le ocultaron el manuscrito al que legalmente tenía derecho. Me inquieta decirlo pero a mí me cuentan que el documento existe. Y más me preocupó una frase que me taladró el tímpano el pasado viernes a las 12:00 de la mañana. Si no tuve problemas de audición, a una pregunta concreta escuché esta respuesta: “En un principio, los huesos no han sido manipulados”. Si no lo sabe, no me pregunte quien la pronunció.

Ni Ruth Ortiz, ni ningún otro ciudadano se merecen atajos ni trampas ni desprecios a la Ley, porque al final no reciben la Justicia que tanto ansían y merecen. Todo lo contrario, logran que los que deberían estar entre rejas puedan contemplar como el sol cobrizo se refugia en el horizonte mientras las olas acarician sus pies descalzos.

De probarse, lo malo es que en este caso la culpa sería de los buenos y eso probablemente a usted no le guste oírlo y a lo mejor para mi es peligroso decirlo.

 
Nacho Abad