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A renglón seguido

Asunta y Eva: ¡Qué pena de muerte!

Octubre 12, 2015

Una de las tendencias que más frecuenta una buena porción de conciudadanos es la del ilimitado acaparamiento de bienes materiales, convirtiéndolo en uno de los objetivos más perseguidos, basados en la vieja idea de “tanto tienes, tanto vales”, y en la confianza de que la calidad de sus vidas alcanzará las más altas cotas de satisfacción procuradoras de un hiperaceptable nivel de felicidad.

Sin embargo, el bien más preciado sigue siendo la vida tal y como la conocemos; incluso cuando se nos muestra debilitada por alguna situación  transitoria limitadora de nuestra completa autonomía física, o menoscabada por alguna aflicción temporal fruto de ciertas disfunciones mentales. En ambos casos, las posibilidades de devolución del individuo a su pletórico estado inicial anterior son cada día mayores.

Mil maneras de morir

Por contra, siempre aparecerán prójimos dispuestos a amargarnos la existencia a base de endulzar intermitentemente la suya. No importan la hora ni el día; tampoco el lugar y la estación del año; y mucho menos la edad de la víctima. Pueden existir Mil Maneras de Morir, si bien siempre queda la opción de perder la vida de otras tantas; ambas de libre elección desde el punto de vista del análisis semántico. Pero sólo hay una de nacer: con la innegociable complicidad de la madre.

Dos fallecidas, vivas en la mente de sus allegados, han formado parte de la temperatura del obituario informativo: Asunta y Eva Blanco. La primera, en boca de los padres adoptivos, de las cohortes de acusadores y defensas, y en los ojos y oídos del pelotón del jurado; la segunda, justa “superviviente” de la perseverancia y seguimiento de la Benemérita (dieciocho años) apoyados en el progreso de la ciencia.

Muerte digna

Una tercera, Andrea, ha sido invitada a una y razonable “muerte digna” como colofón a una buscada, a diferencia de las anteriores, particular despedida filofilial, no exenta de una pugna paterno-médico-judicial en la que se trataba de librar la batalla de la cordura emocional, deontológica y legal. El peleado resultado ha sido favorable al equipo parental; eso sí, con la impagable presencia del togado juez-árbitro.

El equipo médico habitual no daba en principio su brazo a torcer basándose en su juramento deonto-hipocratico, para acabar saliendo al final por piernas. ¡Cuánta preocupación doctoral por los semejantes irreversibles y qué poca consideración médico-política con los fallecidos, por demora, listados en procesional espera de intervención quirúrgica!

Venimos de la celebrar el Día Internacional contra la Pena de Muerte, acontecimiento dirigido al saneamiento de las conciencias de los dirigentes y simpatizantes que se decantan por la privación de la compañía de los delincuentes y victimarios. A la cabeza de la clasificación por el número de trofeos cobrados se encuentra el populoso gigante amarillo oriental, que acumula en sus luctuosas vitrinas tantas ejecuciones como la suma del resto de países que abrazan esta fúnebre práctica deportiva.

Como bien dice una buena amiga: “la vida te la dan”, “pero no te la regalan”. De hecho, algunos acaban pagando con ella.

Paco de Domingo