Menú Portada
Los puntos cardinales

Assad y Rohani dejan solo a Netanyahu

Octubre 1, 2013

Si le preguntásemos a cualquier gurú de tertulia, de esos que se manejan en todos los ámbitos de la información, a buen seguro que no se habría mojado y, mucho menos, aventurado a pronosticar que el edificio de la ONU iba a recuperar en sólo unos días todo el esplendor perdido a lo largo de los últimos años. La apertura de la Asamblea General de 2013 ha sido francamente fructífera. La comunidad de naciones se ha puesto a trabajar y se han logrado avances que hasta hace unas semanas resultaban impensables, como lo reconocía la propia embajadora norteamericana ante la organización, Samantha Power. Se refería la diplomática al consenso de resolución sobre Siria, que ha hecho posible el cambio en la posición de Bashar El Assad, quien ha acabado por aceptar la supervisión internacional de sus arsenales químicos. Y ha sido también en el marco de esta reunión de las Naciones Unidas donde se ha enderezado el rumbo de unas relaciones bilaterales rotas desde hace treinta y cuatro años. Ya habíamos adelantado en esta sección que el gran tapado en la crisis de Oriente Medio era el presidente iraní, Hasan Rohani, porque mientras todas las miradas estaban puestas en la crisis siria, sus planes para romper con la autoarquía de los ayatolás y acercarse al resto del mundo iban cobrando cuerpo. Y así ha sido.

Siria, Irán, Obama y la ONU

Las intervenciones del nuevo presidente en Nueva York y el colofón a esta su primera visita a Estados Unidos con la conversación telefónica con Barack Obama han hecho que este periodo de sesiones pueda y deba ocupar un lugar destacado en las hemerotecas. Así pues, ha quedado el mapa de la zona más convulsa, con Siria y su aliado Irán recibido con los brazos abiertos por la familia de la ONU. Con toda la prudencia que exige la situación y con los antecedentes conocidos el mundo ha podio respirar con cierta tranquilidad, una vez que se han disipado los temores a una guerra y después de que Assad y Rohani entendiesen que a sus respectivos países les interesa más tener su sitio en el mundo que vivir en el aislamiento y estar permanentemente sometidos al escrutinio ajeno, en especial de alguno de los vecinos. Aquí es donde entra en juego el Gobierno de Israel, el enemigo acérrimo de Teherán y de Damasco. Desde el frente del Golán en 1967 y tras el triunfo de la revolución islámica de 1979, los sucesivos gabinetes judíos han vivido en permanente prevención y, de hecho, desde finales del pasado año se temía una operación militar israelí contra Irán.

El beneplácito del ayatolá

Pero el compromiso de Rohani, que no hubiese sido posible sin el beneplácito del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, parece haber dejado sin argumentos a Benjamín Netanyahu. El primer ministro de Israel ha iniciado la semana en Washington, intentado convencer a un Obama que ha perdido liderazgo mundial de que la actitud del régimen iraní puede ser sólo una farsa, del mismo modo que agotará sus argumentos hasta la extenuación para que se dude de la aceptación de Assad sobre la supervisión de las armas químicas. Esa es la posición oficial. Hay quien diría que a Netanyahu le interesa la tensión, pero de puertas para adentro él es consciente de que resulta mejor el mal conocido, como Bashar El Assad, que una oposición siria de la que Tel Aviv desconfía. Así mismo, el primer ministro de Israel sabe que Rohani ha cambiado de estilo y de mensaje con la vista puesta en la recuperación económica iraní, que depende de un cambio en la política de sanciones internacionales. Si Irán y Siria se integran en el concierto de las naciones pacíficas, los efectos de ese nuevo discurso se notarían también en la milicia chiíta libanesa de Hizbulá. Hassan Rohani ha apelado públicamente a que Oriente Medio sea una región libre de arsenales atómicos. Qué extraña paradoja si, después de todo, el principal almacén de armas de destrucción masiva de la zona fuese el pequeño estado judío.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.