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Los puntos cardinales

Armenios y Azeríes reabren otro frente de preocupación para la Casa Blanca

Junio 6, 2012

Hasta que hace diez días comprobábamos con estupor que Eurovisión está llamada a ser una pesadilla irremediable, nadie hablaba de Azerbayán en las charlas de café. Fue gracias o, mejor dicho, por culpa de semejante evento, cuando la mayoría de la gente tuvo conocimiento de que hay una ciudad en el litoral occidental del Caspio que se llama Bakú. Hasta aquí la parte folklórica de la historia.

Pero en ella también hay un componente político de magnitud, como es la contundencia con que las autoridades azeríes se emplean contra los grupos opositores. Como suele ser habitual, para el Gobierno de Bakú estas denuncias son fruto de la propaganda armenia. En el fondo, estamos ante un nuevo problema fronterizo serio que amenaza con sembrar la inestabilidad en una parte muy frágil del globo, la región del Cáucaso.

Muchas heridas por restañar

Hace cuatro años, mientras se inauguraban los Juegos Olímpicos de Pekín, los carros de combate rusos entraban en Osetia del Norte, sofocando a cañonazos cualquier intento de agresión de Georgia. Ahora, a muy poca distancia, las repúblicas de Azerbaiyán y Armenia son escenario de unos choques que el lunes se cobraban la vida de tres soldados armenios.

Desde hace veinte años, los dos países vecinos han intentado aguantar un endeble alto el fuego, a sabiendas de que quedan aún muchas heridas por restañar.

A los lectores más jóvenes les vamos a refrescar la memoria refiriéndonos a la región de Nagorno-Karabaj, una zona montañosa enclavada en Azerbayán aunque habitada mayoritariamente por población armenia y que desde 1988 generó un enfrentamiento que se saldó con un baño de sangre que dejó 30.000 muertos.

La Asamblea Popular de ese territorio decidió unirse política y administrativamente a Armenia. Las escaramuzas se sucedieron y las milicias secesionistas fueron poco a poco ganando terreno, hasta el punto de lograr abrir un pasillo que la unió a la tierra madre. Los enfrentamientos provocaron un éxodo asombroso en número, teniendo en cuenta el reducido espacio geográfico del que hablamos.

Una Constitución sin valor

A comienzos de los noventa, tras el derrumbe de la URSS, las dos repúblicas ex soviéticas vivieron en una tensión permanente, dándose la espalda, a sabiendas de que en cualquier momento volverían a las armas. De hecho, la inteligencia norteamericana ha venido confirmando un incremento en la adquisición de arsenales por ambas partes.

Mientras tanto, la población de Nagorno seguía cobrando fuerza y consolidando sus aspiraciones y en 2006 se redactó una Constitución a la que, como cabía esperar, las autoridades azeríes no dieron ningún valor.

La zona del Cáucaso siempre ha mostrado su volatilidad. Desde mediados de los noventa, con los combates entre las tropas rusas y los rebeldes de Chechenia, Ingushetia o Daguestán. Ahora, con esta vuelta a lo vivido a principios de esa década. Tanto Armenia como Azerbayán reciben generosas ayudas de Estados Unidos, que repite los llamamientos a la calma para evitar que se abra otro frente de inestabilidad en plena campaña, con las encuestas reflejando un virtual empate entre Obama y Romney.

Hace sólo unas horas, Hillary Clinton ha realizado una gira por la región para poner de manifiesto que la Casa Blanca no quiere ni oír hablar de tensiones innecesarias en la zona. Porque si es importante lo que ocurre en la superficie, lo es más lo que pasa por el subsuelo caucásico, a través del que se extienden algunos de los más importantes yacimientos de hidrocarburos del mundo.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.