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Otras opiniones

Anoréxicos de desesperanza

Diciembre 1, 2009

Son las dos caras de una misma moneda. La falta de deseo de comer debido a una distorsión de la imagen del mismo cuerpo lleva a la muerte cientos de víctimas cada año. Sus modelos a seguir son aquellas famélicas y fantasmales imágenes sacadas de pasarelas donde cuatro diseñadores maricones han impuesto un canon de mujer imposible y a medio hacer. ¡Qué sabrán ellos de mujeres!
La comida se convierte en un enemigo imbatible unas veces y, otras, en una droga con la que hay que aprender a convivir el resto de la vida a pesar de las arcadas. Todo por un sueño convertido en pesadilla del que es difícil despertar. La curación pasa por aceptar esa imagen distorsionada que se refleja en ese espejo creado por una mente secuestrada por el marketing y la idea absurda de la perfección.

Canción de Ana y Mía

Pedro Rilo, uno de los mejores compositores de este país, y cuya voz me tiene completamente enamorada, ha escrito una emotiva canción titulada Ana y Mía. Ana es el nombre que muchas adolescentes utilizan para referirse secretamente a la anorexia, mientras que Mía es su referencia para la bulimia. Existen cientos de páginas ProAna y ProMía en Internet con trucos para engañar al estómago, la mente y a los padres y perder peso arriesgando la salud hasta llegar, en la mayoría de los casos, a la antesala de la muerte.
Últimamente me cruzo por la calle con muchas adolescentes con cara de hambre, que quieren emular a esa Kate Moss a la que muchos bautizan como una creadora de tendencias. ¡Qué pena me dan todas! Yo no consigo que desaparezcan de mi mente aquellas imágenes de la modelo esnifando cocaína en compañía de Pete Doherty, ese ex novio, que al igual que todos los demás, debería estar ingresado en una clínica mixta de desintoxicación y educación elemental.

Tallas que le quedan estrechas hasta a Letizia Ortiz

Me gustaría saber que hacen las instituciones para luchar contra la bulimia y la anorexia. Me hace mucha gracia que Cuca Pérez Pita, directora de la Pasarela Cibeles, diga que ahora se controla el peso de las modelos para que den una imagen de salud y belleza y en cambio sigan desfilando algunas bigardas con pinta de extraterrestres en tallas que le quedan estrechas a la misma Letizia Ortiz.
Las mujeres normales no nos podemos meter en tallas propias de una muñeca de plástico ni nos llamamos Barbie. ¿Qué talla usa Dª Cuca? Imagino que no será una 36 como las modelos que utiliza y que tendrán buena cara  tras aguantar horas infames de potingues, maquillajes y peluquerías ¡Habría que ver a la mayoría recién salidas de la ducha y seguro que más de uno las invitaba a un cocido!
Este año vuelve la moda de los 80 con las hombreras, las tachuelas y las lentejuelas. Pero ¿cuándo volverá a imponerse una mujer con curvas de verdad, como Vicky Martín Berrocal o Mónica Belluci? Nosotras estaríamos muy contentas de poder saltarnos el régimen de vez en cuando y ellos, estoy segura, que también disfrutarían más tocando algo más que huesos.

Paso corto, mirada al frente y mala hostia

Algunos movimientos feministas de esos que no paran de equiparar a las mujeres con los hombres, incluso niegan el sentimiento maternal y que las mujeres necesiten hormonar y tener grasa en las caderas para preservar al feto. Abogan por espectros sin pechos, sin caderas, enérgicos y con mala leche: paso corto, mirada al frente y mala hostia, como diría un amigo mío de la Guardia Civil.
Y mientras tanto, como no hay que estar gordas ni estando embarazadas, se celebra el primer debate en el Congreso de la Nueva Ley del Aborto abriendo una polémica sobre los plazos y la edad para abortar. Es más fácil matar que crear ayudas y alternativas para las madres. ¿Qué clase de sociedad estamos fomentando?

Anoréxicos de desesperanza

Desde las instituciones políticas hay que establecer unos valores en los que se sustente la cultura de un país. Los sistemas políticos, jurídicos y éticos tienen que vigilarse los unos a los otros para no desmoronarse. La familia está en crisis porque todo se ha convertido en objeto de consumo y los hijos en un artículo de lujo al que sólo pueden aspirar los opulentos. A cambio, nos encontramos con que la sociedad involuciona porque no somos más felices. La calidad y el nivel de un país se miden en grado de satisfacción y alegría.
Precisamente, España se ha convertido en un país triste donde se destruye más que se crea. Estamos anoréxicos de desesperanza. La libertad no significa que cada uno haga lo que le dé la gana acampando en el ombligo, sino que estamos obligados a medir la repercusión de nuestros actos utilizando como baremo el bien que transmitimos al otro.
Y por supuesto podremos hacer lo que nos dé la gana cuando seamos mayores de edad y no desde la cuna en la que nos encontramos con un Gobierno que se pasea en Dodotis.

Teresa Bueyes