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Los puntos cardinales

Angela Merkel, la gata con botas

Junio 5, 2013

Los romanos tenían augures que se pasaban media vida mirando al cielo para aconsejar al césar qué decisiones tomar. El sol radiante abrasador o una gran tormenta de aparato eléctrico podían hacer que se adoptase una medida u otra muy distinta. Es decir; la influencia de los fenómenos climatológicos en la política tiene más de veinte siglos y es algo que todo responsable de la cosa pública que se precie debe tomar muy en consideración. Acuérdense, por ejemplo, de la horrible devastación que provocó el huracán Katrina en Nueva Orleans en el verano de 2005. Las aguas arrasaron la hermosa ciudad y la nefasta gestión de la Administración de George W. Bush pesaría como una losa para el resto del mandato, aunque el tejano no se jugaba ningún futuro político porque se encontraba en su segundo y último periodo presidencial.

Ahora todo el mundo se fija en las inundaciones que asolan el centro de Europa, con especial atención en Alemania. Tres años antes del Katrina, en Agosto de 2002, el río Elba se salió de su cauce. Quedaba apenas un mes para que las urnas confirmasen el nombre de la persona que dirigiría los destinos de la gran potencia germana. El candidato socialdemócrata, Gerhard Schroeder, sabía que una enorme brecha de siete puntos le separaba de su rival socialcristiano bávaro, Edmund Stoiber, el favorito. En esas, el líder del SPD se calzó las botas de pesca y se echó a andar por los barrizales de los pueblos afectados por las riadas, con miles de damnificados. Con ese gesto, Schroeder se garantizó la apertura de todos los informativos de radiotelevisión y las portadas de los principales diarios alemanes, ofreciendo una imagen de serio compromiso y de capacidad de gestión real de los problemas del país. Así que los medios se convirtieron en el impulsor de una confianza que los ciudadanos empezaron a depositar en él y que culminó con la victoria de aquel domingo 22 de Septiembre de 2002. En esta ocasión, once años después, y otra vez domingo 22 de septiembre, los alemanes vuelven a ser llamados a las urnas.

Populismo electoral

Y esta vez también las aguas han vuelto a desbordarse de su cauce, lo que permite que Angela Merkel emule a Schroeder para que el fango y el lodo de los ríos refuercen sus aspiraciones a continuar en la Cancillería otros cuatro años más. La candidata a la reelección se ha convertido en uno de los personajes que despiertan más antipatía en el conjunto de la Unión Europea, en especial entre los países sometidos a la presión de los dictados de Bruselas, que dependen del criterio de la señora de Berlín. Pero a Merkel se le ha olvidado la austeridad que preconiza para sus socios del Sur y prepara una especie de maná electoral muy populista que alguien ha llegado a cifrar en más de veintiocho mil millones de euros. Desde luego, Angela Merkel no es Hugo Chávez, pero esa generosidad desproporcionada de la canciller en periodo de elecciones con cargo a las arcas públicas recuerda demasiado a las dádivas del caudillo bolivariano. Después de insistir en tanta disciplina y tanto rigor en el gasto, la jefa del Ejecutivo alemán apuesta, de puertas para adentro, por políticas de inversión pública y social casi keynesianas y totalmente al margen del control que exige a los demás. Merkel se siente tranquila porque los sondeos le siguen otorgando una cómoda ventaja, así que el vuelco electoral es hoy por hoy una hipótesis remota. De todos modos, deberá tener cuidado con ese generosidad mal entendida, no vaya a ser que por semejante cantidad de regalos acabe metida de lleno en el charco, como el dueño del gato con botas.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.