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A renglón seguido

AnaMatomía popular

Diciembre 1, 2014

Nunca llovió, que no escampó; pero el líquido elemento puede llegar a convertirse en problema, en la medida que su frecuencia pueda colmar el vaso de la paciencia del contribuyente, desbordando el estanque de la esperanza, y desconcertando al ciudadano, que ve como se anega la credibilidad de nuestra clase política; en particular la del gobierno de turno.

Debería de ser revisado el protocolo de actuación del servicio de mantenimiento de los escaños de las Cortes, en especial la bancada del Gobierno, por el uso incorrecto de algún potente compuesto químico –preguntaríamos a Rubalcaba– a base de cola para el cuidado de los sillones azules, de donde no se despegan con disolución alguna; excepto la de las Cámaras.

De nuevo, la “insinuación” judicial

De nuevo ha tenido que ser una “insinuación” judicial, basada en el derecho del “derecho” a cometer un delito que tenemos todos y cada uno de los bípedos racionales, la que haya removido de su asiento a una de “Sus Señorías” –señora en este caso-. Doñana Mato ha abandonado su particular coto de caza gubernamental, para así atender mejor su entorno familiar; si bien no ha sido a petición doméstica, sino por prescripción político-sanitaria de su superior más directo el canciller Brey.

No claudicó ante la mala digestión por la presión de la gestión del ébola, y ahora que parecía haberse recuperado de la ingestión de las críticas, ha sufrido una fuerte recaída de la que tardará en sobreponerse. El responsable directo ha sido un agente patógeno-judicial cuyo nombre científico responde a Paulus Ruz, y que la ha mandado a hacer puñetas.

Ana Mato mató su paso por el Congreso. Pensará la ex-Ministra y ex-esposa del ex-alcalde de Pozuelo (Jesús Sepúlveda), que hay que tener mala leche, para cortarme el postre del poder de cuajo; mismo que evitaba la subida de su ácido láctico, al practicar a diario el deporte de gobernar. Pero el instructor interino de la Audiencia Nacional la ha señalado como “partícipe a título lucrativo” en la molicie de Gürtel.

Regalías de los gürtelianos

El atareado Juez, martirio de la pasión del partido de gobierno, ha establecido a través de un auto, que no Jaguar… ¿me siguen?, que la anterior conducta entrecomillada encaja en los bolillos del artículo 122 de nuestro Código Penal, que, entre otras lindezas, obliga a la restitución de las cantidades con las que se pagaron: viajes, fiestas, coches –el ya mencionado más un Range Rover– y otro tipo de regalías vinculadas con los gürtelianos negocios de su ex-marido.

El letrado togado intenta meter en cintura a “la popular”, que tenía mucha “correa”, viendo cómo el cinturón instalado en el ombligo de su estatus se ha desplazado hasta el cuello del desconocimiento –origen del dinero-, para ponerle en los aprietos de los robagallinas ¡tan de moda estos días! No debería de ignorar la perfecta cesada (casi Fray Luis), que “tanto peca el que mata, como el que tira de la pata”, justo el comportamiento que ha tenido ella en calidad de responsable solidaria como cónyuge.

Sorprende la actitud de dingolondango mantenida por el Portavoz del Gobierno (Alonso), la del diputado Martínez Pujalte y, ¡cómo no!, la del Resgistrador de bienes, intentando vaciar de contenido no sólo el comportamiento de la imputada, sino la resolución judicial de Su Señoría.

Una vez extirpada del cargo la más alta representanta del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad intentan los suyos hacer con ella un ejercicio de tanatopraxia baldío, antes de ser sometida a la anamatomía popular.

Paco de Domingo