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Mi Tribuna

Ana Mato o como apartarse de un escenario político irrespirable

Noviembre 30, 2014

Qué suerte ha tenido la ex ministra Ana Mato. Mientras medio país se engancha en analizar las conexiones de Francisco Nicolás, su dimisión apenas ha tenido vigencia informativa. Mientras se disfrazaba su salida como un gesto de honradez política, se enterraba una nefasta gestión que ha tenido la conclusión más evidente como tardía: en realidad no debió ser ministra.

Su historia nunca fue creíble. Por mucho que hablemos de un matrimonio desavenido y que su divorcio pueda envolver ciertas auras de duda, nadie puede creerse que durante la convivencia hubiera una ceguera tan impactante como para impedir ver un Jaguar en tu garaje. Pero lo del coche es solo la punta de lanza de un episodio concatenado de incoherencias en una ministra salpicada desde el principio y que ahora puede respirar tranquila sin la presión de un cargo muy por encima de sus aptitudes.

Si repasamos su pasado más reciente, la crisis del ébola desnudó a una Ana Mato superada en todos los conceptos. Ni en la gestión de la situación ni en las explicaciones públicas, nunca supo estar a la altura. Su cara era la imagen de la angustia y su futuro político quedó sentenciado cuando se creó esa comisión del ébola de la que fue apartada. Su implicación como receptora de los favores a su ex marido sirvieron en bandeja su dimisión . Hoy es una diputada más que disfruta de su sueldo como ex ministra.

Golfos, pillos y corruptos

Así es la historia de esta crónica política de nuestros días. Un lamento continuado de corruptelas, golfos y pillos. De ladrones profesionales y landronzuelos como el pequeño Nicolás, que sigue llenando páginas y espacios para tratar de saber qué y quién está detrás. Pues está detrás esta España de verbo fácil que busca el dinero fácil a través del atajo fácil de la política. Un enfant terrible que preocupa y ocupa tanto que el resto del mundo se paraliza ante su montaje preguntando cómo y por qué. Parece que, llegados a este punto, Francisco Nicolás es esa especie de opio del pueblo que distrae la atención mientras Mato se marcha, Podemos emerge y Pedro Sánchez se convierte en personaje de recurso televisivo que ahora se anuncia hasta en el programa de Calleja. Solo falta el ausente Rajoy en esta fiesta mientras deshoja la margarita de una sucesión en Sanidad que volverá a examinar su capacidad de rearmar el Gobierno tras el relevo lógico en Agricultura y la broma que nos colocó en Justicia.

Ana Mato fue devorada por el virus de la política española. En su caso superó el ébola porque la sacaron de la escena, pero el virus de la corrupción llegó en forma de flotador al que agarrarse para poner su punto final con el argumento al uso de que “no quiero perjudicar a mi partido”. Hace tiempo que el PP está perjudicado por ministras como Mato, pero a las alturas que nos encontramos lo mejor es planificar una estrategia que sirva de frente común a todas las amenazas populistas. Lo que dicen las encuestas es un síntoma. Luego vendrá la hora de la verdad que despierte conciencias y apueste por lo útil y conocido, aunque sea malo, que aquello por conocer sin pinta de bueno, precisamente. Pero, de momento, hay motivos para preocuparse y parece que solo nos importa el cómo, cuándo y por qué de Francisco Nicolás.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid