Menú Portada
Otras opiniones

Ámsterdam, evasión de la realidad

Diciembre 17, 2012

Todavía hay lugares en los que es posible evadirse, perderse de todos y hasta de uno mismo. Ámsterdam, la capital de los Países Bajos, tiene en sí el poder y la magia necesaria para hacerte desaparecer una breve temporada entre sus canales y entre las antiguas casas del puerto pesquero del siglo XII, que aún persisten desde su fundación.

Sin duda, la ciudad existe gracias a quienes no encontraron en ningún otro lugar un mejor destino. La diversión, la prosperidad comercial y la llamada de infinidad de mentes abiertas y cosmopolitas que allí se establecieron hicieron el milagro. En la actualidad, en esta ciudad holandesa salpicada de canales, viven numerosas personas que han ido llegando, anhelando libertad y una vida próspera, desde multitud de puntos del planeta.

Cuando paseo desde la Estación Central del ferrocarril en la Plaza Dam hacia el animado barrio de las luces rojas (Roze Buurt) -uno de los pocos lugares del mundo donde la prostitución se permite desde 1.911, con las debidas garantías higiénicas y con absoluta normalidad- atravieso canales, me cruzo con infinidad de tripulantes pedaleando en sus bicicletas y contemplo atónito las barcazas que discurren bajo los puentes que se elevan para permitir su paso.

Vivir de cara al público

De día, las coloridas fachadas de las casas, plagadas de enormes y blancos ventanales, livianamente tamizados por las casi transparentes cortinas que las cubren, permiten mostrar la vida del interior de las viviendas. Resulta un hecho más que demostrado que, las gentes que habitan Ámsterdam, vivan siempre de cara al público y nada tengan que esconder.

De noche el paisaje se transforma acechando todo tipo de extraños y extravagantes personajes que, invisibles a los ojos durante el día, ocultos por los excesos de la ajetreada jornada anterior, salen de noche a quemar los locales que la vieja ciudad les ofrece. Los coffee-shops, literalmente -tiendas de café-, no venden sólo café. Son verdaderos puntos de venta y consumo de todo tipo de cáñamos y yerbas capaces de paliar cualquier dolor y hacer olvidad los sufrimientos.

Es en este divino estado cuando me vienen a la cabeza imágenes de épocas no muy lejanas. Recuerdo vagamente un libro que,  en mi pubertad, me llamó poderosamente la atención. Narraba la historia de una bella joven atrapada en una buhardilla cualquiera de una de esas casas de esta ciudad. Aquélla chica se convirtió, sin saberlo, en uno de los más lamentables y morbosos reclamos de Ámsterdam.

La parte inalienable del ser humano

“El Diario de Anna Frank”, es quizás, el libro autobiográfico más escalofriante sobre la muerte en vida, sobre los terribles tiempos de la ocupación de Holanda por la Alemania nacional-socialista, sobre el autocontrol humano y la lucha por la supervivencia y la increíble capacidad de adaptación de la mente a las situaciones extremas. Oculta un canto a la esperanza y muestra la parte inalienable del ser humano.

Por todo, Ámsterdam es hoy en día la abanderada de valores que debemos tener siempre presentes: la libertad, la solidaridad y la convivencia. Curiosamente la bandera roja de la ciudad tiene dibujadas tres equis sobre una banda negra central. Para mí está claro el significado de cada una de ellas, aunque a veces y para que no se olvide nunca, vienen a mi memoria, esas mismas equis simbólicas que se utilizaron en la película “El Gran Dictador” del genial Charles Chaplin.

 
Antonio Lambea Escalada, Arquitecto.