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Otras opiniones

Amigos y traidores

Marzo 8, 2010

Amigo es aquel que no sólo está dispuesto a acompañarte al Infierno sino a entrar contigo y quemarse entre las brasas si hace falta.
El término amistad se utiliza con ligereza en tiempos de superficialidad. Qué cierto es aquello de que al final no nos acordaremos de las palabras de nuestros enemigos sino de los silencios de nuestros amigos.
Sólo los verdaderos amigos dejan huella en el corazón. El resto huye despavorido ante la mínima señal de alarma: un te necesito cuando las cosas van mal ahuyenta y repele a los falsos amigos.
Para ser amigo de verdad hace falta personalidad y coraje pues supone ponerte el mundo por montera cuando hace falta.
Tener amigos no es fácil, pues requiere un entrenamiento vital en los grandes valores de la dignidad, lealtad y generosidad.
Paulo Coelho escribió un pequeño cuento metafórico sobre la amistad. La historia dice así:
Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.

Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…)

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.

En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
Buenos días.
Buenos días-, respondió el guardián. ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
Esto es el Cielo, contestó el guardia.
¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed, y…
Lo siento mucho, dijo el guardia interrumpiendo, pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber sólo.
Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente  dormía.
Buenos días, dijo el caminante.
El hombre respondió con un saludo solo con la mano, sin mover la cabeza.
Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
Ah, sí… Hay una fuente entre aquellas rocas, dijo el hombre, indicando el lugar y añadiendo:
Pueden beber toda el agua que quieran, está fresca y es natural.
Entonces, el hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
Pueden ustedes volver siempre que quieran, le respondió éste.
A propósito, ¿cómo se llama este lugar?, preguntó el hombre.
Se llama CIELO.
¿El Cielo?
¿Sí? ¡Pero… si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno, contestó el guardia.
El caminante quedó perplejo, añadiendo:
¡Pero esto es inaudito, deberían prohibir que utilicen este nombre, pues es información falsa que de seguro debe provocar grandes confusiones!
¡De ninguna manera!, increpó el hombre. En realidad, nos hacen un gran favor, porque allá se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus amigos. (Paulo Coelho)
 

Le tocó a La Pantoja

La traición está de moda entre los famosos. De vez en cuando el servicio,  como la falla de San Andrés, provoca devastaciones varias. Es ahora cuando le ha tocado a La Pantoja sufrir el seísmo provocado por su ex chofer y sirvientes que la acusan de presuntos actos delictivos. ¡Pobre mujer¡ Me ha tocado ponerme de su parte pues estoy harta de insinuaciones baratas de personajillos que únicamente van a venderse a programas de corazón.
Caso de ser ciertas sus acusaciones estos jetas deberían ser investigados también como cómplices, coautores o encubridores de los delitos imputados. Por eso insto a la Fiscalía encargada de la Operación Malaya a que investigue a estos presuntos para que expliquen detalladamente el contenido del Carro y que participación han tenido en los hechos relatados en todos los canales de televisión.
Yo, como Julio Cesar, repito: “Amo la traición pero odio al traidor”.

Teresa Bueyes