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Mensaje en una botella

Alucinante, no: lo siguiente

Enero 15, 2014

Obama recibe a Rajoy en el despacho oval de la Casa Blanca y comentan la actualidad internacional como dos colegas que han quedado para hablar de sus cosas. Es alucinante ser recibido por el hombre más poderoso del mundo y charlar con él mientras estás sentado en el despacho político más famoso del mundo. Debes de sentirme como el protagonista de una de esas películas en las que determinadas secuencias transcurren en ese mismo despacho. ¿He escrito antes que es alucinante? Alucinante, no: lo siguiente.

Gallardón no quiere que la infanta Cristina haga el paseíllo que conduce al juzgado del magistrado José Castro en Palma de Mallorca. Alucina, vecina. El ministro de Justicia quiere evitar el mal trago a la infanta, después de que Urdangarín haya pasado por lo mismo. Pero, ¿no habíamos quedado en que la justicia y el paseíllo son iguales para todos? ¿He escrito anteriormente que alucinas? Alucinas, no: lo siguiente.

La Comisión Europea ha decidido investigar en qué gastó UGT el dinero que recibió de Los 28 y que tenía como destino financiar cursos de formación. En Bruselas sospechan que el sindicato español se bebió hasta el agua de los floreros con esa pasta gansa. El alucine es tal que cuesta imaginar la cara que se les puede quedar a esos señores de Europa si se confirma el desmán. ¿He escrito alucine? Alucine, no: lo siguiente.

CR7 rompe a llorar al recibir el Balón de Oro. Según el refranero español, ya tiene garantizado su futuro: Quien no llora, no mama. Y Cristiano ha llorado como una Magdalena. Alucinas en colores. ¿Se habrán ablandado sus detractores? ¿Habrán levitado sus admiradores? ¿He escrito antes que alucinas en colores? Alucinas en colores, no: lo siguiente.

Eres un mentecato

Es entrañable escuchar a cualquier hora, en cualquier sitio y a cualquier interlocutor que algo no es como lo vemos. Algo ya no es alucinante, impresionante, impactante o acojonante. Alucinante, no: lo siguiente. Impresionante, no: lo siguiente. Impactante, no: lo siguiente. Acojonante, no: lo siguiente. De esta forma, nos dejamos llevar por una de las modas que manosean una lengua que podemos seguir considerando como la más rica del planeta. O tal vez la más rica, no: lo siguiente. De esta forma, dejamos de molestarnos en buscar la expresión o el adjetivo adecuado porque ya garantizamos que lo siguiente a lo ya dicho es precisamente lo que queríamos decir.

Mola tanto la expresión no: lo siguiente que parece que eres un mentecato si no la utilizas. Cualquier crítico con esta forma de buscar adjetivos calificativos es un carcamal que no sabe adaptarse a los nuevos tiempos. Quien no recurre al no: lo siguiente ha quedado rezagado en el pasado y ya nunca podrá adentrarse en el futuro.

Tienes que ser consciente de la realidad aplastante del no: lo siguiente. Debes subirte al carro de la modernidad porque sólo así podrás ser aceptado en los círculos de opinión que marcan tendencia en este siglo. Si se te ocurre la peregrina idea de evitar el no: lo siguiente, estás acabado. No hay otra alternativa. Tienes que unirte a la masa sí o sí. Pero el sí o sí prefiero dejarlo para otro artículo. Porque el sí o sí es absolutamente delirante. ¿He escrito delirante? Delirante, no: lo siguiente.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero