Menú Portada
Los puntos cardinales

Alto el fuego

Julio 29, 2014

Esta es la última sección de la temporada antes del descanso veraniego y creo que con tres palabras, -alto el fuego- , se podría resumir perfectamente la situación en la que se encuentran algunas zonas que han encendido la alarma de la tensión en distintos puntos del planeta. El primero es Oriente Medio, donde el secuestro y posterior asesinato de tres adolescentes israelíes a manos de radicales palestinos colocó en posición de ON el interruptor con el que se inició la operación “Margen Protector”. Se acaba el Ramadán pero la obcecación terrorista de Hamás y la respuesta desproporcionada de la maquinaria militar judía sitúan a la región en una espiral que obliga a un esfuerzo colectivo para aplicar un alto el fuego duradero y el retorno a la mesa de negociaciones.

Se hacen insistentes llamamientos también en la región de Donbass, en la zona suroriental de Ucrania, donde el derribo del MH-17 hace un par de semanas ha aumentado la inquietud de todos y también el aislamiento de Vladimir Putin, a la espera de que se despeje la incógnita de quién es el responsable último del lanzamiento de un misil contra un avión de pasajeros, un hecho que para la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navy Pillai, puede haber sido un crimen de guerra. Se suceden los obstáculos a los investigadores internacionales del siniestro por parte de las milicias pro rusas y cada vez van surgiendo más pruebas que vinculan a Rusia con una masacre inconcebible. Mientras tanto, la ciudad de Donetsk y los municipios  circundantes son ciudades fantasma, a merced de escaramuzas y balas perdidas. Para esa parte del mundo también se repiten los continuos llamamientos al alto el fuego.

Gestiones para la paz y la inoperancia de la ONU

Tanto en el caso de Gaza como en el de Ucrania, esa continua apelación a que las armas guarden silencio proviene de quienes realizan gestiones en distintos ámbitos, una nómina en la que figuran el presidente egipcio, Abdelfatah Al Sisis; el secretario de Estado de Estado norteamericano, John Kerry, o el máximo responsable de Naciones Unidas, Ban Ki Moon. Cuando se considera que existe un abuso de las tres palabras mencionadas se utiliza tregua como sustituto y sinónimo de lo que se pretende, que es ni más ni menos que la gente de matarse ante nuestros ojos. Cada vez que estalla una crisis de esta envergadura se piensa en la ONU. No en vano, la organización nació después de la segunda gran guerra como fruto del espíritu que quiso que el mundo no volviese a padecer situaciones como las de los dos conflictos bélicos que se desarrollaron en la primera mitad de siglo y que batieron todos los récords de muerte conocidos.

Pero el tiempo, que todo lo oxida, y un nuevo orden que difícilmente puede conjugar con  un viejo reglamento en el que cinco países disfrutan de derecho de veto, han contribuido al descrédito de Naciones Unidas. La semana pasada visitaba Madrid el presidente de turno de la Asamblea General de la ONU, John Ashe. Una colega le preguntó sobre la decepción generalizada de la gente con la organización y Ashe, sin negarlo, se limitaba a responder que “la ONU será lo eficaz que quieran sus miembros que lo sea”. Es una forma indirecta de responsabilizar a quienes desde sus estructuras de poder, en especial el Consejo de Seguridad, llevan la mano en la gran partida de la política internacional. De modo que podemos seguir clamando por ese alto el fuego como un comodín para situaciones de crisis como las descritas. Antes de despedirnos, les recuerdo que en mayo nos preguntábamos en esta misma sección quién manda en Libia. Lo ocurrido en las últimas horas nos confirma que son siete grupos armados muy distintos, ante la absoluta incapacidad del Gobierno. Pero eso es otra historia sobre la que Naciones Unidas no se ha pronunciado aún. En las barajas de póker hay dos comodines, y parece que la ONU los ha empleado ya en Gaza y Ucrania.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.