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Mensaje en una botella

Allons, enfants de la patrie

Noviembre 19, 2015
marsellesa

Uno sobre otro. Así se amontonaban los cuerpos sin vida en la discoteca, que había abierto sus puertas horas antes como cualquier otro viernes. Los ojos de algunos de los cadáveres se habían quedado también abiertos, vencidos por una explosión o por unos disparos traidores. Aquellas  vidas habían ido a terminar en un recinto al que el público acudía a regocijarse de la vida, a bailar al son de la música que los mantenía unidos y a festejar la incomparable sensación de buscar la felicidad. Pero ese viernes 13 todo fue terror.

Los cuerpos inertes de la sala Bataclan han sido un ejemplo descomunal del delirio terrorista. Sé que no es el único ejemplo. Da igual que la muerte haya sembrado su dolor en Francia o que lo haga diariamente en Irak, en Siria, en Afganistán o en la República Centroafricana. Lo sé. Pero el ser humano no puede evitar que las desgracias más próximas sean las que más desgarren su conciencia. En mi caso, no es que cierre los ojos a otras muertes, sino que las muertes de Francia son más cercanas. Y estoy seguro de que a la mayoría de la humanidad le ocurre lo mismo.

¿Se puede vivir así?

Los terroristas, vengan de donde vengan, van a lo mismo: a sembrar el terror. Nuestro recelo es su éxito, nuestro temor es su conquista y nuestro miedo es su victoria. Ahora viene una época de recelo, temor y miedo. Vigilancia extrema, control implacable y sospecha constante. ¿Se puede vivir así? No, pero al menos así podemos seguir vivos.

Como todo episodio funesto, tendremos que atravesar la fase de luto que es inevitable. Después nos daremos cuenta de que ya no hay marcha atrás posible. La fuerza de la supervivencia humana nos llevará a comprender que, por muchos muertos que hayamos dejado en la memoria y por mucho dolor que hayamos albergado en el corazón, la vida sigue.

Comprobaremos que la lucha contra el terrorismo ya está tornándose en guerra, como ha proclamado François Hollande. Comprobaremos que, como siempre que estamos llegamos al abismo, hay que tomar partido. Y comprobaremos que, si queremos mantener la dignidad, sólo podemos alistarnos en las filas de quienes combaten el terror. No hay otra opción para los decentes.

Tenemos que ponernos “en marcha, hijos de la patria”, como proclama La Marsellesa. O en la lengua de la República Francesa: “Allons, enfants de la patrie”.

Juan Diego Guerrero dirige Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero