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A renglón seguido

Alfredo Landa: Actor navarro y manchego de doblaje

Mayo 27, 2013

A la par que los juncos con el viento, tiene la vida una curiosa e inevitable inclinación que consiste en privarse a sí misma de su propia compañía. En este caso y con las constantes vitales intactas ha tomado dos decisiones en un corto espacio de tiempo de largo alcance para las egoístas ambiciones de la insatisfacción de un buen puñado de seguidores cinéfilos. Con su mejor escalpelo ha segado el vital bombeo de un navarro octogenario y un albaceteño sexagenario vinculados de lleno con el séptimo arte.

El primero, todo un “crack” visual de las pantallas de las salas de exhibición  de los cines españoles durante tres décadas (60, 70 y 80), con un inigualable españolismo mezcla de: latrocinia bisoñez (Atraco a las tres), represión política (Fin de semana al desnudo), inquebrantable policía (El Crack) y España profunda (Los Santos Inocentes).

Un hombre comprometido

Un hombre comprometido no sólo con su oficio, sino también con los altares de sus creencias, entre los que se encontraban los tres todopoderosos del momento –alguno más omnipotente que otros-, como el de las alturas, que le ha reclamado recientemente a su vera, el ferrolano más condecorado de la ensangrentada piel de toro y el once balompédico más albino y laureado de la España camisa blanca de mi esperanza. Aprendiz de barista y camaleonista en el oficio. Ladrón de nula experiencia, soltero de pelo en pecho, agente implacable, lacayo de señoritos, etc.

El segundo, todo un chorro de voz. Y no es que se lo ganara cantando, sino con  el  sudor de  sus  parlantes  cuerdas  vocales. Con cuidado talento oral natural, suplantó la personalidad fonética de aquéllos monstruos del film y aprendimos a disfrutarles en el toddao y en la pequeña pantalla gracias a, en gran manera, sus “graves” facultades.

Un gran sastre de la comunicación

Un gran sastre de la comunicación, con un corte de elegancia y una confección de la palabra al alcance de muy pocos alfayates del micrófono. Con constante tino y atino en el ejercicio de la dicción con su abovedada  y barítona voz. Primer violín del doblaje catódico y de la proyección panorámica. Para sus ratos libres locutor, presentador, animador… y otros “ores”.

A mediados de los ochenta nos participaba las núbiles dificultades a través del “Ya que tienes novio”; durante cinco aquilatados años moderó “El –su- Tiempo –fue- Es Oro”; y condujo la fina ironía de los contenidos de “La Parodia Nacional”.  

Se nos ha encogido el corazón del celuloide de: Harry Callaghan -“Alégrame el día”-; Darth Vader –“Yo soy tu padre”-; 007 –“Mi nombre es Bond, James Bond”- y Terminator –“Sayonara baby”-.

Con todo este trajín de descripciones biográficas y opiniones personales, acabo de reparar, no sólo mis posibles errores anteriores, sino en que he dejado de lado los nombres de los finados, que tan bien afinaron el instrumento laboral de sus vidas

Los anaqueles del cine nacional se empolvarán desde ahora, gracias a la destreza del plumero de la parca. Hasta siempre Alfredo y Constantino.

Paco de Domingo