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¡Qué fuerte!

Alcoholismo juvenil, ¿de quién es la culpa?

Junio 7, 2013

Cuando un adolescente comete un error, la sociedad no sabe a quién echarle la culpa; padres, maestros, amistades, leyes, educación o al propio menor. Está claro que estamos viviendo tiempos nada ejemplarizantes para estos jóvenes que son el futuro del cual dependeremos. Hace unas semanas leí que había incrementado el número de malos tratos entre los jóvenes. Las chicas de ahora se someten a los chicos por amor y, por mantener una relación, idealizan a los chicos y aguantan humillaciones de estos machotes en potencia. Lo mismo ocurre con el problema del alcohol. En la presentación del nuevo Plan Nacional sobre Drogas se ha presentado la propuesta de multar a los padres cuyos hijos repitan borracheras que acaben en coma etílico. Por supuesto, desde ya, padres y asociaciones han mostrado su rechazo ante la medida. Nadie quiere asumir la culpa de un problema tan grave como el alcoholismo, enfermedad que nuestra cultura se encarga de favorecer sin ningún tipo de vergüenza. Nos hemos instalado en la cultura del “buenismo”, de hacernos amigos de los hijos en lugar de ejercer como padres. Ante una queja sobre un hijo, un padre se pone a favor del hijo en lugar de reconocer el problema y no digamos si, ante el insulto de un hijo a una madre, le damos un bofetón al niño: la sociedad y las autoridades se escandalizan y no aceptan este tipo de castigo. Sin embargo si aceptamos que nuestros hijos se emborrachen, tomen cocaína y pastillas, maltraten a compañeros del colegio, falten al respeto a los mayores y algunas cosas más. Menos mal que esto sólo sucede en una minoría de la juventud, pero cada vez son más los casos y el aumento es lento pero progresivo y es bastante preocupante.

Todos debemos ayudar

La base de la educación es un asunto de toda la sociedad. Todos tenemos culpa. Todos debemos contribuir. Empezando por los padres, siguiendo por la escuela, por el ejemplo del resto de la sociedad, por las administraciones y por uno mismo. Al final, quien tiene el sí o el no en su poder es la propia persona, la responsabilidad empieza por uno mismo y la consecuencia de esto es el respeto hacia sí mismo. Pero se necesita la ayuda de los que están alrededor: unos padres ocupados en la educación, una escuela que enseñe las consecuencias, unos amigos que no arrastren al consumo llamando “maricón” al que no sigue las pautas de moda y, sobre todo, una legislación sería y dura que no facilite el consumo de alcohol en botellones, fiestas universitarias de la primavera, o cualquier otro tipo de excusa que se inventan para emborrachares hasta la saciedad. Así que, la cuestión no es multar, sino legislar y asumir responsabilidades por parte de todos. La sociedad debería ser un ejemplo para estos críos, un espejo en el que mirarse para querer ser como sus mayores y, si esto es lo que ven, deberíamos plantearnos qué es lo que estamos haciendo mal, que es mucho.

Rosana Güiza Alcaide

rosanaguiza@extraconfidencial.com