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A renglón seguido

Alborto, Ruiz-Gallardón

Septiembre 29, 2014

Hay días que no está uno para nada; tampoco, desde la escasez y precariedad, acudir al trabajo la jornada siguiente. Esto es justo lo que ha hecho nuestro ex Ministro de Justicia el día 24 miércoles –¿miedo a la sesión de control?- después de su previo anuncio de abandono del cargo el martes a través del medio de comunicación más frecuentado por su Primer Ministro, el plasma-catódico en el que nunca se pasma.

Y ¿Qué ha sucedido para que una actitud, que le honra, surja como algo extraordinario en el ámbito de la política?, pues que la tarea que se le había encomendado por imperativo de su superior jerárquico ha podido con él. El recado que tenía en su tejado no era recoger una pelota, sino tener pelotas para subirse a él, y colocar sobre el mantel de su cubierta el reluciente cubierto con el que hacernos tragar la reforma de la Ley del Aborto.

El “Notario” que había perdido público

Nuestro Fedatario Mayor del Reino, por nombre Alberto, ha sucumbido ante la presión no solo social, sino la sufrida desde sus filas –adversarios-, las que, bien prietas, le han hecho un corporativista y alevoso vacío, dejándolo con el pandero al aire, para así poder recibir con mayor comodidad, sin vaselina, el rulo de la indiferencia.

Era público y notorio que el “Notario” había perdido público, confundiendo los papeles en el escenario de su cartera –se la han robado- ministerial, con cada día menos asistentes al patio de su realidad, lo que ha conllevado el despido – oficialmente dimisión- del primer actor por falta de rentabilidad política de cara al futuro. Se quedó hasta sin apuntador y dando puntada sin hilo.

Por fin un miembro del Gobierno ha tenido la decencia de abandonar las responsabilidades  propias  de  su  cargo. Durante su audaz comparecencia televisiva, cerca del final de la misma, observé que dijo: …“y ya termino” […], lo que era indicativo de su inminente dimisión; sus señorías, cuando amenazan con seguir, en sus comparecencias aluden al manoseado: …”y ya concluyo” […].

Votos y moral

El deseo de modificar la actual Ley le ha puesto a los pies de los caballos de diversos jinetes civiles y eclesiásticos –los militares, a lo suyo-. No es fácil lograr tener enfrente simultáneamente, contra ti, a un gran número de colectivos pro y “contra” –¡entiéndase!- vida. Unos, porque no era suficientemente ambiciosa, y otros, porque recortaba en exceso la protectora actual cobertura. Curiosamente la bomba de la reforma le ha explosionado en las manos abortando sus expectativas del cambio de la actual.

Cierto que era un compromiso establecido en su programa electoral, pero se ha devorado a sí mismo. No solo se ha tenido que comer un marrón, sino que, al participar en el circo de la política como osado tragasables de sus vitales razones morales, se ha rasgado el esófago de las futuras aspiraciones en su carrera.

Por otra parte hemos descubierto la evolución de la sinonimia en nuestro riquísimo idioma –al que humildemente intento no empobrecer-, cuando descubrimos que: encuesta, sondeo, opinión, expectativas (de urna), intención (de voto) se hermanan con los conceptos de moral y ética; eso por no hablar de los tres pilares filosofales del partido del gobierno: los principios, las ideas y los valores

Ha perecido como comburente de su fragua, donde los roedores correligionarios genoveses, azuzadores, han huido, abandonando la pira de la insolidaria embarcación.

Paco de Domingo