Menú Portada
Otras opiniones

Al contemplar la libertad se vuelve uno libre

Mayo 1, 2014

AUSENCIA

Era una mujer pequeña, sietemesina, diría mi abuelo. Inquieta hasta decir basta aunque al final, no rompía un plato, como diría mi abuela. Es curioso cómo ven los padres a sus hijos, siempre de niños. De qué forma tan distinta vemos los hijos a nuestros padres. Es casi un milagro que la persona concilie los atributos de ambas generaciones, la posterior y la anterior. La alquimia de la vida. Somos tantas vertientes como afluentes tiene un rio.

Yo recuerdo vagamente a mi madre. Se marchó de este mundo cuando era una niña. Trato de imaginarla ahora por la conjunción de atributos que me da mi familia. Pero preferiría tener una concepción propia. Y una imagen suya actual. Tenerla aquí conmigo.   

PALESTINA

Desprendió las tuercas y se dirigió al control de acceso. Después de la interminable espera y pasar el registro, ocupó su mañana atendiendo la clínica. Pacientes que ya eran amigas, después de tantos años. Por la tarde, nuevamente el control para volver a casa. Así discurrían los días, con el corazón dividido entre dos grupos étnicos. Aunque para ella, eran iguales con sus diferencias.

Un día, sendos grupos dejaron de entender que pudiera quererlos a ambos. Quizás nunca lo habían entendido. Y desgajaron su corazón en dos como una naranja. 

GENESIS

Vuela alto en los parajes polares. Se desliza por trampolines glaciares. En la amazonia se abre camino entre la vegetación. Discurre sinuosa entre la maleza en la sabana, a ras del suelo. En mares del norte deja ver la cola antes de sumergirse. En charcas africanas reptan con ojos brillantes. En Venezuela se aferran a los tepuyes creando espesos mares. En Alaska delinea filamentos de luz entre montañas. Y en Colorado serpentea entre macizos tallados a conciencia. Arcos helados por donde pasa soplando en el antártico.

La libertad se manifiesta de varias formas. Aves, mamíferos, reptiles, nubes, agua, viento. Es cuestión de observar. Al contemplar la libertad se vuelve uno libre.

VIEJOS TIEMPOS

Corrió a echarse a un lado. No quería impedir el paso de los festejantes. Celebraban por todo lo alto la victoria. En el otro extremo de la plaza había un músico con una guitarra. Se dirigió hacia él. Mientras andaba, dejando detrás el bullicio, sintió una mano cariñosa en su hombro. Era su amigo Miki, a quien hacía años que no veía, vestido del equipo ganador. Se abrazaron. El mismo olor que recordaba.

La celebración y la música tuvieron que continuar sin ellos.

ENCUENTRO

En cada curva, pensaba estar llegando. -Esta es la última- , se decía. Y a cada curva, reaparecía un nuevo tramo de camino. La noche se cerraba y no había rastro del refugio. Le quedaban unas pocas fuerzas y muchas ganas de llegar. La mochila, cargada de kilómetros, se tambaleaba al andar a tientas entre las piedras. Entonces, un lago oscuro como cielo se abrió ante su cansancio. Se frotó las manos y lavó la cara. Al abrir los ojos, un precioso ejemplar de cebra le estaba mirando desde la otra orilla, inmóvil. Caminó hacia atrás sin darse la vuelta, muy despacio, manteniendo el contacto visual.

La cebra le contó a su manada que había visto un bípedo. Debía estar cansado. Se cayó tres veces al suelo porque andaba de espaldas.

© Javier González Cantarell