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No me moverán

¿Administrador que administra…?

Noviembre 28, 2011

Las noticias sobre las indemnizaciones millonarias por despido de altos cargos, o sus fondos de jubilación, en algunas instituciones financieras están escandalizando al personal. Máxime si se refieren a ex directivos de entidades en dificultades. Desde la CAM, hasta la Caja del Penedés, pasando por el Banco de Valencia o alguna caja gallega, y muchas más, están dando un ejemplo deplorable. Mientras los accionistas pierden el valor de su capital, los empleados son despedidos, los clientes ven en peligro sus ahorros… sus dirigentes se van forrados.

Es el reflejo de una filosofía de administrador que denuncia el refranero castellano cuando afirma que: administrador que administra y enfermo que se enjuaga,… algo traga ¿Con qué cara se puede pedir a los demás que actúen con decencia, si la dirigencia no lo hace?

Da la sensación de que se creen que por el hecho de haber sido encargados de administrar los bienes se les ha dado un título de propiedad, cuando son sólo gestores o guardianes de lo ajeno.

Como el administrador astuto del Evangelio

Actúan como el ´administrador astuto´ del Evangelio. Dice la parábola que cuando se dio cuenta de que el propietario lo iba a despedir, se aseguró el futuro con astucia llamando a los deudores de su señor y reduciendo unilateralmente su deuda. Aquí ha pasado lo mismo, salvo que en vez de reducir la cantidad que cada deudor tenía con su amo, se han inventado la elegante figura de la indemnización o las jubilaciones desmesuradas o, en algún caso, se han dado créditos preferentes a ellos o a empresas de su propiedad.

Contra esos atropellos no hay otra medicina que la ética. No vale sólo con Normas de Buen Gobierno. Por muy bien que se hagan esas reglas, los administradores, si quieren, encontrarán la forma de darles la vuelta. Hecha la ley, hecha la trampa ¿Cómo medir la calidad ética de un administrador? Difícil. No existe el ´eticómetro´. Es más, si hubiera un test ético sacarían mejor puntuación los menos éticos, porque contestarían lo correcto, aunque pensaran lo contrario.

Cuestión de dar ejemplo

Se cuenta que en el despacho de un jerarca entró una persona. Con gran desparpajo preguntó: “¿Es usted corrupto?” El jerarca replicó: “Si esto es una encuesta, la respuesta es, evidentemente, NO; ahora, si es un proposición…. hablemos”.

El único indicio posible a tener en cuenta para medir la calidad ética de un futuro administrador es su trayectoria en el pasado. Pero, aún así, es complicado, porque una persona no muestra su verdadera forma de ser hasta que tiene la prueba. Es más, el ser humano cambia. El que antes era honesto, puede dejar de serlo cuando viene la tentación o al revés. Entonces ¿qué hacer? Desgraciadamente, actuar con contundencia y castigar con rigor; es cuestión de dar ejemplo.

¿Ustedes creen, queridos lectores, que se están dando castigos ejemplares, ejemplares? Pues así nos va.


José Ramón Pin Arboledas es Profesor del IESE, Titular de la Cátedra de Gobierno y liderazgo en la Administración Pública.