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No me moverán

Adiós a las Cajas

Enero 25, 2011

Lo dicen los expertos. Lo tienen claro mercado, Gobierno, Oposición y hasta la UE: la política y los políticos han acabado con las Cajas de Ahorro. Con vida de siglos (Caja Madrid se fundó en 1702 y la Caixa en 1904), van a perder su naturaleza; se transformarán en Bancos o serán compradas por ellos. La razón es que necesitan capitalizarse para poder responder a sus compromisos de pago. Hasta la más y solvente eficiente, La Caixa, está por la labor. Isidro Fainé su Presidente, y Presidente a su vez de la CECA (Confederación Española de Cajas de Ahorro), lo ha comprendido y está preparando el cambio. La convertirá en Banco Caixa y luego la sacará a bolsa.

El problema es que otras Cajas no son tan apetecibles, porque su gestión, con fuerte presencia de políticos, ha sido mala y están al borde de la quiebra. Por eso será muy difícil que el sector privado las capitalice. En estos momentos se puede invertir en las Cajas mediante lo que se conoce como “cuotas participativas” (Creadas por Real Decreto 304/2004). Es decir, se puede aportar capital, que no es capital. Un lío ¿no?

Es capital porque la Caja no devuelve el dinero aportado, aunque las cuotas participativas se puedan negociar en el mercado secundario. No es capital porque no vota en la Junta General. Las cuotas participativas tienen una retribución preferente, pero sin derechos políticos; se aporta un dinero a perpetuidad, que luego manejan otros gestores (que han llevado las Cajas casi a la quiebra), y hay que fiarse de que paguen los intereses pactados, que son como “dividendos”. Arriesgado, ¿no? Por eso no ha funcionado.

Entonces ¿Qué hacer? Sólo queda una solución: una segunda ronda de fusiones, capitalizarlas con dinero público y nacionalizarlas; que el Estado las gestione. Sería sino una broma que el dinero de los contribuyentes se diera a unos gestores de eficacia discutible para que lo malgastaran. De no entrar en la gestión de las Cajas  el Banco de España, que ha sido lento en reaccionar, demostraría además que no es lo independiente que todo banco central debe ser.

El siguiente paso, una vez capitalizadas y saneadas por el Estado, sería sacar las instituciones resultantes al mercado privado. Es decir: convertirlas en Bancos o venderlas a Bancos. Adiós a las Cajas de Ahorro.

Dirán que se mantendrá la Obra Social, para que no se caiga la cara de vergüenza a los gestores actuales. Pero eso es, como siempre, disfrazar el fracaso. Hasta los bancos privados tienen ya fundaciones y RSC (Responsabilidad Social Corporativa). Fundaciones que cuando las cosas van mal sufren recortes; pues lo mismo pasaría con las nuevas entidades o los bancos que se quedasen con ellas. Adiós a las Cajas de Ahorro.

Con las Cajas de Ahorro se ha cumplido el refrán castellano que dice: lo que es del común es del ningún.


José Ramón Pin Arboledas es Profesor del IESE. Director del Executive MBA Madrid