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Los puntos cardinales

Adams y Farage le complican la vida a Cameron

Mayo 6, 2014

Las imágenes del pasado domingo de unionistas enarbolando banderas británicas a las puertas de la prisión norirlandesa de Antrim nos retrotrajeron a los tiempos más duros del conflicto. Se esperaba la salida de Gerry Adams tras casi cien horas de interrogatorio por un asesinato cometido por el IRA en 1972 y al que se vinculaba al máximo responsable del Sinn Fein. En su primer contacto público con los medios, Adams insistió en no tener nada que ver con la muerte de Jean McConville, al tiempo que subrayó que no hay vuelta atrás porque el IRA ya no existe.

Pero el futuro del político católico republicano depende ahora de las conclusiones que extraiga la Fiscalía del Ulster de la ingente cantidad de datos aportados durante las horas de declaración. La detención de Adams ha sacudido los pilares del Acuerdo de Stormont y dieciséis años después ha puesto de relieve que hay heridas por cicatrizar en la sociedad norirlandesa que parecen incurables. Se mantenía un prudente silencio entre la ciudadanía, a pesar de que las fachadas de los barrios de Belfast representan la crónica imperecedera y el testimonio ilustrado de décadas de enfrentamientos fratricidas. El caso que ahora ha sacudido las conciencias es uno más de los dieciséis registrados pertenecientes a otras tantas personas que desaparecieron entre los años 1972 y 1985. De ellas, nueve fueron halladas mientras que de las otras siete nada se sabe. Estos episodios forman parte de las conocidas como Cintas de Boston, en las que destacados unionistas y republicanos dejaron confirmación de su participación directa y activa en el enfrentamiento.

“Los desconocidos”

En pleno calentón por el “caso Adams”, lo más revelador de estas conversaciones recogidas en una universidad de la capital de Massachusetts son las afirmaciones del comandante del IRA ya fallecido, Brendan Hughes, en las que él mismo se atribuye la matanza del Viernes Sangriento y acusa directamente a Gerry Adams de ser el promotor del denominado grupo “Los Desconocidos”, quienes según el relato de Hughes hicieron desaparecer a esas dieciséis personas a las que el grupo terrorista acusaba de delación. La reapertura de un dossier tan complicado en Irlanda del Norte ha supuesto un verdadero jarro de agua fría para el primer ministro, David Cameron, acostumbrado como estaba a que lo relacionado con la provincia formaba ya parte de la historia, sin repercusión alguna en la actual vida política británica. Desde que Tony Blair logró poner sobre la mesa el Acuerdo del Viernes Santo de 1998, los sucesivos gobiernos se han esforzado en que esa página sombría pudiese ser superada, aun a sabiendas de que el odio y la venganza estaban a flor de piel. Por si no fuese bastante, el problema que se le añade ahora al premier conservador son los datos que siguen arrojando los sondeos y que ponen de manifiesto que un número cada vez más considerable de británicos confiesa sentirse atraído por el mensaje retrógrado, racista, homófobo y, sobre todo, profundamente antieuropeo de Nigel Farage y su Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP). Downing Street, pues, vive a merced de la tensión de los extremos.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.