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Mi Tribuna

Acaba la Semana Santa, empieza el calvario

Marzo 28, 2016
plaza valladolid

La Semana Santa como concepto de negocio ha abierto los ojos a aquellos nuevos ayuntamientos ocupados ahora por políticos de signos reñidos con la fe católica. He escuchado estos días auténticas barbaridades sobre el sentido de las celebraciones e incluso he visto como concejales electos de fuerzas de izquierda han dado la espalda a los diferentes actos programados en su afán por diferenciarse de lo que consideran determinadas herencias inasumibles.

La Semana Santa es, desde hace tiempo, uno de los principales recursos económicos para determinadas ciudades en España que esperan estas fechas para impulsar sus diferentes posibilidades turísticas. Su impacto en Sevilla supera ampliamente los 200 millones de euros; en Málaga deja más de 30; en Valladolid solo la ocupación hotelera registra más de tres millones y así en numerosos ejemplos de retorno directo sin adentrarnos en el turismo de playa y otras cuestiones que giran sobre estas fechas.

Rechazo sin respeto

Cuando estos inquilinos de los escaños municipales hablan de la separación de poderes Iglesia-Estado, escenifican su rechazo sin el respeto mínimo que, como autoridades electas, deberían tener por aquellas cuestiones tradicionales que forman parte del entorno al que ahora pertenecen como representantes políticos. Pero poco podemos esperar de aquellos que no solo reniegan, sino que faltan al respeto de los que entienden estas u otras cuestiones como algo propias sin adheridlo a ningún significado político a pesar de los beneficios que genera. Como Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, que se encarga de humillar al Ejército una y otra vez esquivando intencionadamente el papel social que tienen asignadas las fuerzas armadas. Tras su primer asalto público lo ha vuelto a hacer estos días para pedir públicamente que los militares abandonasen unas maniobras en un parque barcelonés.

Los representantes socialistas son mucho más moderados. Lo han sido siempre, pero el momento actual exige estar a la altura de una normalidad que no aplican sus habituales socios en los gobiernos perdedores que disponen del poder gracias a la legítima política de pactos. La nota la pone Podemos y sus marcas, como está sucediendo en el panorama nacional donde el protagonismo mediático roza en algunas ocasiones el peor de los espectáculos, sin gracia alguna pero con una indudable presencia por el martilleo constante que consiguen aplicar en los medios de comunicación.

El calvario de Podemos

Podemos ni contempla ni respeta la Semana Santa, salvo para votar a favor de los 21 días de descanso en el Congreso, pero el partido vive su particular calvario desde que comenzó el Juegos de Tronos real que amenaza los dominios de Pablo Iglesias. Defenestrado Sergio Pascual, la vida gira alrededor de los caprichos de un líder recurrente que marca una agenda cansina con la casilla reservada para el encuentro con Pedro Sánchez y ese intento de convencimiento mutuo para que su anhelado gobierno del cambio tome forma de alguna u otra manera; sumando a Podemos al acuerdo socialista con Ciudadanos o, el verdadero objetivo del secretario general del PSOE, arrancando el compromiso de la abstención de Podemos que permita desbloquear la actual situación.

Ha finalizado la Semana Santa pero ahora empieza la otra pasión que nos torturará hasta que encontremos el sentido definitivo de esta lucha encarnizada entre los diversos focos de poder. Con el aroma del incienso procesional todavía reciente, se asoma la esencia de las nuevas elecciones que desea el PP asumido ya que es imposible formar esa gran coalición con Ciudadanos y PSOE más por los personalismos que por la conjunción de ideas que representara a la mayoría del electorado. Ha terminado la Semana Santa, sí, pero vaya cruz que nos toca cargar.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68