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¡Qué fuerte!

¿Abdicación?, ¿por qué no?

Febrero 21, 2013

Es curioso que, después del Debate sobre el estado de la Nación, de lo que más se preocupa la gente y los medios de comunicación sea quién lo ha ganado. Pero así es este país, nos escandalizamos por cualquier cosa pero, a la hora de la verdad, la vida sigue igual. La Gala de los Goya ha creado mucho más ruido y polémica que el propio Debate. Los actores le han hecho mejor oposición a Rajoy que Rubalcaba, tanto es así que podían haber sido los guionistas de la gala los que le hubieran escrito la réplica al presidente de la oposición.



El caso es que Rubalcaba lo tenía en bandeja pero es difícil acusar de algo que también tienes en tu propia casa. Y, para colmo, tus propios inquilinos no paran de meter la pata. El último, el presidente del Partido Socialista Catalán, Pere Navarro, pidiendo la abdicación del Rey Don Juan Carlos. Rápidamente se ha tomado esto como una locura y ha salido todo el mundo a criticarlo. Si la petición no viniera de quien viene, no sería tan escandalosa, pero las connotaciones nacionalistas de su autor no pueden evitarse. Aun así, si extrapoláramos estas declaraciones a la lógica aplastante, la petición de abdicación no es ninguna tontería.

Los peores momentos de la monarquía

La monarquía española está pasando por los peores momentos de su historia. La imagen de la Casa Real está en decadencia absoluta y quizás, este sería un buen momento para dar paso a una renovación que trajera un poco de aire fresco. España es Juancarlista, sí, pero también Felipista. El Príncipe de Asturias también es muy querido y ha sabido ganarse el respeto y admiración de los españoles. Además, a estas alturas, Don Felipe está sobradamente preparado y cualificado para asumir el mando.







Es entendible que Don Juan Carlos no quiera acabar su reinado yéndose por la puerta de atrás por culpa de unos elefantes, unas amantes y un yerno caradura, pero no creo que al monarca le dé tiempo a restaurar esta pérdida de imagen. La abdicación podría ser un ejemplo para la renovación que tanto hace falta en nuestro país, un comienzo. Y, sin lugar a dudas, la imagen que tanto se está intentando vender al extranjero de la “Marca España” tendría su mejor representante con nuestro Príncipe. El peso político, institucional y diplomático sabría obtenerlo igual que lo hizo su padre cuando subió al trono. De hecho, ya ejerce en muchos actos como tal, dentro y fuera de nuestras fronteras. Así que, sinceramente, no entiendo tanto revuelo por una idea nada absurda. 

Rosana Güiza Alcaide