Menú Portada
Mi Tribuna

A vueltas con la historia del himno nacional

Marzo 22, 2015

La presencia de Barcelona y Athletic de Bilbao en la final de la Copa del Rey de fútbol ha politizado un acontecimiento deportivo que vive absolutamente pendiente de lo que ocurra en la grada. Cierto es que los precedentes ya recogen polémica por la idiosincrasia de ambos clubes, pero la intervención de los políticos con sus declaraciones ha acabado de enturbiar el ambiente para convertir este partido en un asunto de referencia nacional.

La magnitud de esta Copa reside en que se trata del segundo título nacional en el escalafón del fútbol español, pero además lo organiza la Federación Española presidida por un vasco ex jugador del Athletic y será la primera desde que Felipe VI asumió la corona. Todo este cóctel reúne un intenso argumentario separatista que ha provocado un sonoro debate extradeportivo.

Ponerse de acuerdo para alimentar la polémica

Los clubes, que conocen perfectamente el perfil de sus aficiones, se han limitado a ponerse de acuerdo para declarar sus intenciones conjuntas de jugar la final en Madrid y en el estadio Santiago Bernabéu, concretamente. Dicen que es el mejor destino por las facilidades del transporte y el aforo de una instalación que el Real Madrid se resiste a ceder. En consecuencia, otro motivo más para alimentar la polémica.

Todo esto alrededor de un partido de fútbol que tiene la particularidad de, antes de su inicio, emitir el himno nacional; es decir, la sintonía y bandera que debería unir a los españoles sin distinción. Nadie en Estados Unidos, por ejemplo, discutiría o boicotearía el himno del país que suena en todos y cada uno de los acontecimientos deportivos. En este caso, los americanos de toda condición no solo respetan y veneran sus símbolos, sino que consideran una ofensa cualquier menosprecio hacia ellos. Hace años, al expresidente Zapatero se le ocurrió no levantarse al paso de una bandera norteamericana en un desfile militar y Estados Unidos le pasó factura con un notable ninguneo durante sus ocho años de gobierno.

La cordura debería partir desde los dos clubes

En España siempre jugamos a alimentar la división interna y fabricar toda clase de polémicas. La cordura debería partir de Barcelona y Athletic, a los que les bastaría con una llamada a la coherencia y el respeto a sus seguidores para poder escuchar con normalidad el himno nacional y evitar los abucheos al Rey. Pero los dos clubes están apestosamente politizados, impregnados de un tufo separatista que no ha sabido frenar ninguno de sus presidentes porque, más bien, han utilizado el poder de sus cargos para hacer carrera personal. Basta con recordar el Camp Nou como trayecto de una historia independentista que programó Artur Mas o como ninguno de sus estadios acoge desde hace años partidos de la selección española cuando, curiosamente, sus equipos aportan un buen número de jugadores a La Roja.

Nos hemos cansado de escuchar a varios políticos en las últimas semanas que un boicot al himno debería traducirse en la suspensión del partido o en la expulsión de los aficionados. Ninguna de las dos cuestiones van a llevarse a cabo, porque eso supondría alimentar aún más los odios que ya vienen prefabricados. Demasiado tenemos ya con aguantar todo lo que rodea a un simple partido de fútbol como para soportar el ataque político de unos cuantos. A grandes males, grandes remedios. Si es necesario aumentar los decibelios de la megafonía al máximo, pues será una buena solución para tapar la boca a esos desconsiderados que mezclan política y deporte. En todo caso, que Barcelona y Athletic renuncien a jugar esta Copa porque no se identifican con ella. Ah, y que TVE no corte la emisión del himno. Ya tuvimos hace tiempo un ataque patriota que le costó el puesto al director de deportes.

 
Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid