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Mi Tribuna

A vueltas con el calendario escolar

Junio 13, 2016
clase

La decisión del Gobierno de Cantabria, cuya consejería de Educación ha apostado por un nuevo calendario escolar para el próximo curso, ha abierto un debate en España sobre si realmente estamos en la línea adecuada en cuanto al concepto educativo. El criterio de Cantabria adopta un modelo más europeo, en este caso de Europa del Norte, intercalando periodos vacacionales entre dos meses de clases lectivas. Las reacciones no se han detenido con opiniones para todos los gustos pero, también, con una absoluta sensación de desconocimiento sobre una materia para la que no hace falta irse tan lejos.

Digo esto porque al ejemplo de Cantabria se le han querido sumar semejanzas con otros países de nuestro entorno europeo. Es cierto, pero también lo tenemos en España en determinados centros educativos, todos de índole privado, que lo vienen aplicando desde hace años sin grandes traumas. Iremos con ello no sin antes reflexionar sobre las diferentes leyes de Educación que han venido cambiado a lo largo de los años en nuestro país; tantas o más como gobiernos hemos tenido para hacer imposible el asentamiento de un  modelo educativo sobre el que fijar las diferentes variaciones o matices y no la ruptura con lo anterior que supone cada cambio fruto de una ideología política sin detenerse nadie en que la Educación no entiende de siglas.

Este mismo domingo, el filósofo José Antonio Marina afirmaba que “tenemos que formar a chicos capaces de estar aprendiendo siempre, porque es lo que les toca” al tiempo que reclamaba un pacto educativo “que sintetice todos los intereses legítimos” y  elimine la “inestabilidad” y el “lío mental” que sufren los estudiantes. ¿Algún partido político piensa en eso?

Las dudas están en los padres

Pero mis dudas también han llegado desde los padres, asustados ante posibles cambios que rompan su acostumbrada rutina diaria si se incluyen nuevos elementos que alteren el ritmo de vida. Es comprensible, sin duda, el choque inicial de un calendario escolar que incluya una semana de vacaciones cada dos meses lectivos. El problema es que el debate está radicando más sus dudas en los padres que en los propios estudiantes. En España, un alumno de cualquier Liceo Francés lleva años experimentando este método que, por cierto, está avalado por unos buenos resultados académicos. Por tanto, lo de Cantabria ni es una novedad ni es para echarse las manos a la cabeza. Siempre hay alternativas y debemos establecer nuestras prioridades en la evolución de los alumnos, no en la comodidad de los padres sin esquivar que también debe haber alternativas para facilitar la vida a aquellos que tengan mayores dificultades a la hora de aplicar este nuevo sistema y cuidar aspectos básicos como la disposición de los comedores escolares en los periodos de descanso. Cuestiones, a mi juicio, sencillas de solventar con un poco de voluntad por parte de todos los actores implicados.

Frédèric Barnal lleva años dirigiendo el Liceo Francés de Castilla y León. Por tanto, acumula experiencia en un sistema que, asegura, “nos satisface a nivel de rendimiento escolar tener un curso académico que conste de cinco periodos de clase alternos con cuatro periodos de pequeñas vacaciones”. Esa es la esencia en la que se fundamenta el anunciado cambio en Cantabria frente a las reticencias del resto de España. En resumen, las horas lectivas son prácticamente las mismas pero el curso empieza antes y finaliza más tarde. Como he escuchado estos días, tenemos demasiado interiorizada la rutina actual y nos cuenta entender determinados cambios. Es cierto que para acoplarse a una situación como esta necesitamos adaptar nuestra cultura a una realidad que nos impide ver su esencia: tratar de mejorar el nivel de los alumnos.

Félix-Ángel Carreras

@facarreras68