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Otras opiniones

A veces, las señales de la vida son demasiadas para conocerlas todas

Julio 18, 2014

DESNUDEZ

Le resultaba difícil aunque no lograba entender por qué. Era lo que había estado buscando. Por fin se presentaba la oportunidad. Le había llamado aquella misma mañana. Quería escuchar su historia. Tenía intención de publicarla. Y con el teléfono aún en la oreja, el cielo se tornó gris y las tinieblas ocuparon su mente. Se despidió de forma lúgubre, quedando en verse al día siguiente, a insistencia de su interlocutor.

       A esta gente no hay quien la entienda – dijo el periodista a su colega al colgar el teléfono, – tanto interés por ser entrevistado y ahora tendré que sacarle la noticia con sacacorchos -.

       Quieren validar que su historia es importante, y ya lo has hecho al llamarle. El resto es sólo una íntima historia – explicó su veterano compañero.

ETICA

       ¿Por qué debo dimitir? – preguntó molesto al Consejo.

       Es cuestión de principios, has sido el responsable de esta farsa durante varios años y ahora hay que asumir responsabilidades – respondió el más anciano de los miembros. 

       Os he hecho ganar mucho dinero – replicó.

       Es cierto, pero ya no será así en el futuro.

       Buscad a un cabeza de turco a quién cargar con esto.

       Ya lo estamos haciendo.

TRES SON MULTITUD

Finalmente se animó a irse de vacaciones con su amigo y la pareja de éste. Al Caribe. Harían buceo y caería alguna copa por la noche. Ella era muy madrugadora, así que se acostaría pronto y ellos dos podrían charlar en intimidad hasta altas horas de la madrugada. Los tres compartirían actividades. De esta forma, podría elegir si estar sólo o acompañado. Así lo imaginó. En el transcurso de las vacaciones, tuvieron varios enfrentamientos. Al regreso, los dos amigos no se hablaban.

       Viajar con una pareja es complicado – le comentó un amigo, – al final cargas con lo que les sobra a ellos -.  

BAILE

Dimos una vuelta más. La noche se cernía ya sobre los últimos compases. Una sacada alta. Un boleo. Su cercanía me recordaba lo maravilloso de estar vivo. Su olor, la palanca que mueve el mundo. Un gancho y otro giro. Una mirada cruzada. Juntamos nuestras cabezas y caminamos unos pasos más, enfrentados, su cuerpo contra el mío. El tango llego a su fin. Salimos de la pista muy juntos. Al llegar junto a su novio, le di las gracias y me retire a saludar a otra gente.

Hay romances que duran un baile. Y como diría Silvio Rodríguez, son los buenos.

SEÑALES

En el albor de la medianoche colgó el teléfono. Antes, habían hablado de tomar un café. Habían compartido cosas personales. Habían hablado sin quitarse ojo. Ella le había reclamado varias veces su atención con la mano. Él había deslizado la suya por su cintura. Pero él no pensaba que fuera a prosperar el asunto. Ella decía estar muy enamorada de su recién separada pareja. -El hombre de su vida-, repetía. Unas horas después recibe la llamada de ella. Y le confiesa que quiere tomar ese café. Él asiente, desconcertado.

A veces, las señales de la vida son como las de tráfico: demasiadas para conocerlas todas. Mejor ignorarlas y dejarse llevar.

© Javier González Cantarell