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Otras opiniones

A Rajoy ya le hacen la pelota

Junio 13, 2010

El aquelarre socialista de la semana pasada a propósito de los cien años de la llegada al Parlamento de Pablo Iglesias confirma lo que es evidente: a Zapatero, pese a que se amarra al poder como percebe a la roca, le queda en el Gobierno menos que un merengue a las puertas de un colegio. ¡Lo extraño es que no haya hecho ya mutis por el foro!

Hasta el propio Felipe González –que ha recuperado un protagonismo extraordinario ante el temor de la izquierda a perder la mamandurria-, ha dicho eso de la “depre” que pese a negarla es más que descriptible en la persona de Rodríguez Zapatero, una caña movida por todos los vientos y el eje de todo el bloqueo político/económico que padece España.

Ni sabe, ni quiere, ni puede. El resto en el análisis político es mera pérdida de tiempo. Está todo dicho. Zapatero nunca debió ganar las elecciones del 2008.

La alternativa

Pero las ganó. El resultado no puede ser más desastroso. Pero una democracia seria y consolidada –es más que evidente que la española no lo es, si se distingue por algo es precisamente por tener alternativas. La única posible se nuclea entorno al Partido Popular que en estos momentos lidera Mariano Rajoy.

La hemeroteca no me dejará por mentiroso o arribista. Cuando ha habido que criticarle lo he hecho con dureza, sin contemplaciones ni componendas. Escrito lo anterior hay que decir acto seguido que Mariano ha demostrado capacidad de aguante extraordinario, cuajo para capear temporales, conocimientos y saberes mínimos para poder encargarle la administración de la casa común. Sobre todo, ante el desastre Zapatero y porque sólo desde el PP se puede montar una alternativa democrática y posible. El resto –Rosa Díez y otras mamonadas al paño-, son meros brindis al sol que se agostarán a la primera granizada.

Los pelotas de siempre ya ronronean

<p align=”justify”>Que Rajoy se acerca cada vez más al Palacio de la Moncloa es tan evidente como el hecho cierto de que los pelotillas de siempre –ya sean mediáticos, económicos, financieros, etc.-, empiezan ya a tocar su timbre. Nada nuevo bajo la capa de la imperceptible sociedad civil española.

Es la prueba del carbono de que el PP se acerca a pasos agigantados hacia el Gobierno, atizado por el vendaval que sacude los cimientos de la mera subsistencia de millones de españoles.

Verán ustedes como José Manuel Entrecanales –ese gran maestro del pelotazo a expensas de favores políticos que fichó al inconsistente y fallón, aunque caro, Pio Cabanillas (el talento no se hereda) como jefe de Comunicación en ACCIONA-, tan amigo de Zapatero, tan progre y tan inquietante, se acerca a Mariano para decirle que ha sido su benefactor de toda la vida. ¡Menudo jeta! No es el único y desde estas páginas iremos desenmascarándoles.

¡Y qué decir de algunos editores! ¡Y de algunos plumillas u opinadores sin talento alguno! Son como los girasoles, siempre buscando el sol. Ya ha empezado el baile macabro con el cazo puesto.

¡Cuídate de los pesebristas, Mariano!  

El aznarismo como adherencia

Será entonces el momento de que el gallego se desprenda definitivamente de la sombra del aznarismo que le persigue como una mala plaga.  Lleva siete años agradeciendo al hombre del bigote el gesto de su nominación. Tengo para mí que Rajoy ya se ha ganado el derecho a disponer de su propia libertad de movimientos para presentar al pueblo español su tarjeta de golpes. Si no lo hace nunca llegará al puesto de mando.

Lo peor del aznarismo es la herencia que el susodicho le dejó en forma de infiltrados que se reproduce miméticamente con los mismos nombres que despeñaron al Partido Popular en el 2004 cuando la boda de El Escorial, el Prestige y luego el desastre en la gestión del 11-M. Acabaron con Aznar, con el PP y terminarán por fagocitar a Mariano Rajoy si el jefe del partido no lo impide.

Son como termitas devorando a todo aquel que no sirve sus espureos intereses.

Avisado está.

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es