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Mensaje en una botella

A quien le salga de los cojones

Diciembre 9, 2010

¿Cómo se atreven a decir que la educación española es un desastre? Ésos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) deben de ser unos relamidos. Qué mala es la envidia. Los sesudos investigadores de la OCDE no conocen a los estudiantes de nuestro país, unos jóvenes ejemplares que se desenvuelven con soltura en las circunstancias más dispares.

Nuestra juventud es un fiel reflejo de ese saber estar que distingue a los habitantes de esta vasta piel de toro. Ya está bien de tirar piedras contra el tejado español. Total, sólo porque un informe con nombre de torre inclinada concluye que la educación se ha estancado en nuestro país. El nivel de nuestros estudiantes está por debajo de la media de la OCDE. ¿Qué esperaban? ¿Acaso no dijo el gran Billy Wilder que nadie es perfecto?

Vivir del cuento

¿Confiaban quizá en que los españoles estuvieran al mismo nivel que los demás estudiantes de la OCDE en materias como Ciencias, Matemáticas o Literatura? Los nuestros se hacen un sombrero con las asignaturas que no van a darles de comer. Prefieren adquirir conocimientos en las materias que los conducirán por el camino del éxito. Por eso ven tanto la tele.

Los programas de telerrealidad se han convertido en inmensas aulas en las que se adiestra a unos jóvenes  que se licencian en Ciencias, Matemáticas o Literatura en menos que canta un gallo. Los desaprensivos y envidiosos acusan a estos jóvenes ejemplares de ser unos ejemplares de jóvenes que nada producen en la sociedad. Incluso llegan a acusarlos de vivir del cuento. ¿Acaso no es eso una Ciencia que requiere las Matemáticas de los votos para no ser expulsado y que precisa de un discurso digno de un maestro en Literatura?

Razones seminales

Nuestros políticos, no obstante, se han apresurado a reclamar una mejora de la educación en España. Todos coinciden en que una buena enseñanza es garantía de un mejor futuro. Parece natural, por tanto, que cada uno haga su aportación personal al progreso de nuestra educación nacional. Por ejemplo, la ministra de Sanidad y Política Social.

Leire Pajín ha justificado el nombramiento de Nuria Espí como delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas con un argumento de envergadura. Durante una comida con parlamentarios, la ministra fue preguntada por una senadora del Partido Popular sobre el nombramiento de Espí, amiga personal de Pajín. La respuesta a la pregunta, según uno de los comensales, fue la siguiente: “Sólo faltaría que la ministra no pueda nombrar a quien le salga de los cojones”.


Un argumento breve, directo y comprensible. Una garantía de éxito. La ministra, que dejó de ser estudiante hace pocos años, ha recurrido a uno de los emblemas de la educación nacional: las razones seminales, como las definía mi profesor de Filosofía en 2º de BUP. Teodoro, que daba clase en el Instituto de Enseñanza Secundaria Carlos III de Madrid, solía decir que hay momentos en que el individuo sólo puede recurrir a las razones seminales, que son las razones por cojones. Y no le faltaba razón.


Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com