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Los puntos cardinales

A Putin no le salen las cuentas

Mayo 13, 2014

A los ucranianos del Este les dio igual que Vladimir Putin planteara dudas sobre la conveniencia de celebrar ese referéndum de independencia del pasado domingo que ha contado con un apoyo tan aplastante, pero que nadie ha sido capaz de verificar. Hay veces en las que de lo que ocurre en otras partes del mundo alguien intenta establecer algún paralelismo, y este caso de orgullo independentista tan repentino quizá sea un ejemplo para algunos. Daremos por buenos los resultados que los convocantes de las consultas en Lugansk y en Donetsk han hecho públicos, aunque con una pinza en la nariz porque no ha habido posibilidad de contar con monitores independientes ni ninguna organización internacional ha sido invitada a escrutar el proceso.

Estos dos territorios aprovecharon la estela de la ola creada tras la separación de Crimea de Ucrania y pensaron que el Kremlin les acogería en sus brazos exactamente como lo hizo con sus hermanos de la península. Sin embargo, las circunstancias son muy distintas porque para Putin Crimea es un tesoro estratégico para la capacidad operativa de la Flota del Mar Negro. Lugansk y Dontesk, en cambio, son una fuente de quebraderos de cabeza para la Federación Rusa. Este supuesto ejercicio democrático de los ucranianos de la zona suroriental no se parece en nada a la convocatoria oficial de Elecciones Presidenciales en Ucrania el próximo día 25, una fecha simbólica que coincidirá con los ciudadanos de los veintiocho países de la Unión decidiendo cuál será la futura composición de la Eurocámara.

Lo que pretende evitar Putin

La secuencia lógica debería ser la elección democrática de un presidente, y no tras un levantamiento, que inicie un camino que concluya en Elecciones Legislativas. Porque es así como se edifican las instituciones en países que aspiran a ser democracias homologables. Y eso es lo que Vladimir Putin pretende evitar a toda costa. Que Ucrania se convierta en un estado con unas estructuras sólidas al frente de las cuales se sitúen unas autoridades que a lo primero que aspirarían sería a integrarse en Occidente, lo que se traduce en la solicitud de adhesión a la Unión Europea y, por supuesto, a la OTAN.

Desde luego, ahora que quiere expandir su influencia a territorios que en su día formaron parte de la Unión Soviética, no está en los planes del presidente ruso tener como vecino a un país en el que las tropas aliadas puedan realizar maniobras y ejercicios a capricho. Putin, pues, se ve obligado a hacer equilibrismo en las dos facetas más importantes para el porvenir de cualquier nación que pretenda recuperar el valor de superpotencia que tuvo en su día. Existe, como vemos, un problema geopolítico para los intereses de Moscú con esas indisimuladas aspiraciones de Kiev y del Gobierno que pueda salir de las urnas. Y la perspectiva económica tampoco es especialmente halagüeña para Rusia porque, con los números sobre la pizarra, da la sensación de que ni siquiera hará falta meter en cintura a Putin con sanciones. Él es consciente de que el producto interior bruto ruso disminuye mientras la inflación sigue subiendo y cada vez más conciudadanos sacan su dinero del país. Así que, pese a la exhibición de colosal fuerza militar durante la conmemoración del Día de la Victoria frente a las tropas de Adolf Hitler, Vladimir Putin también tiene que echar cuentas. Porque los misiles no frenan la fuga de capitales.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.