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Los puntos cardinales

A DSK se le diseca del miedo y el PSF sueña con espías

Mayo 17, 2011

Qué curioso lo que ha ocurrido este fin de semana a las dos orillas del Atlántico. Mientras un neoyorquino, Woody Allen, presentaba en París con todo el glamour su última película rodada en la Ciudad de la Luz, un francés intentaba forzar sexualmente a una mujer en una lujosa suite de Manhattan. La peripecia de Dominique Strauss-Kahn, un hombre de bragueta fácil, según dicen, ha pasado a convertirse en una sigla y el director del FMI es ahora el protagonista del caso DSK.

El escabroso suceso ha sido vergonzante y ha puesto de relieve que el sistema policial y judicial norteamericano no se anda con contemplaciones, lo que redunda en que todos son iguales ante la humillación, independientemente de su relevancia social o del cargo que ocupen.

Un pajillero con gustos de estrella del rock

El caso DSK saca a luz algunas contradicciones o miserias que chocan frontalmente con los valores que se defienden. Este tipo figuraba a la cabeza de los favoritos del Partido Socialista Francés para luchar por el Palacio del Elíseo contra Nicolás Sarkozy en 2012. Pero sus costumbres son el último eslabón de una cadena de excentricidades que hacen de su vida cotidiana algo en las antípodas de lo que espera el potencial votante de izquierda galo. Sí, está claro que ostenta un importantísimo puesto, pero el amor al lujo desmesurado, a las suites de 3.000 dólares, a los Porsche de última generación y a los restaurantes más exclusivos convierte a Strauss-Kahn en un pajillero con gustos de estrella del rock. Ya lo reflejó el maestro Tom Wolfe en su momento cuando definía a ciertos personajes de la cultura neoyorquina como reyes de la izquierda exquisita, o “gauche divine”, si lo prefieren aplicado a nuestro protagonista de hoy.

El proceso al hombre que extiende recetas económicas a los países en peligro financiero abre un serio debate interno en el socialismo de su país. Con él fuera del juego, el favorito es François Hollande, a quien se alinea ideológicamente en el entorno de Strauss-Kahn. Tras este varapalo al PSF, aunque limitado a un solo nombre con apellidos, quizá Martine Aubry y Ségolène Royal se vean obligadas a variar un poco el rumbo y echar las redes para pescar votos en la izquierda real, como una especie de prueba de honestidad y congruencia ideológica. Lo que resulta obvio es que el proceso político francés se va a polarizar, como ya lo demuestra la legión de seguidores que arrastra la presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen.

Teorías “conspiranoicas”

Adoro Francia. Es un país fascinante en todos los aspectos, con una amplia historia de intrigas palaciegas. Richelieu, Dreyfuss o el caso Clearstream evidencian que el Estado, o alguno de sus miembros, puede emplear los Servicios de Inteligencia a su antojo. Por todo ello, ¿creen acaso que la trama de espionaje es una hipótesis descartable en el asunto Strauss-Kahn? No se trata de defender a ciegas absurdas teorías conspiranóicas. Simplemente merece la pena recordar que en todo este tipo de historias alguien acaba obteniendo una suculenta tajada.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.