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Los puntos cardinales

A CFK se le acumulan demasiadas verdades ocultas

Abril 15, 2014

A los argentinos les ha tocado la hora de la cruda realidad, de salir de la ilusión del populismo peronista en la que estaban instalados desde que el matrimonio Kirchner se hizo con el poder de un modo casi paternal. Después de los eslóganes y el culto religioso tanto al desaparecido como a la “viuda de América”, los hechos demuestran que los habitantes de Argentina han vuelto a ser víctimas de sus gobernantes. Es una suerte de condena, una maldición a la que parecen estar abocados.

Las últimas huelgas de transportes y de los maestros de la provincia de Buenos Aires, y en especial la que hace un par de semanas paralizó todo el país, suponen un serio aviso del hartazgo de quienes parecen no aguantar más habladuría tras la cual se han venido escondiendo datos que no se correspondían con la verdad oficial de la Casa Rosada y su equipo de propagandistas. Cristina Fernández de Kirchner, la amiga de los líderes bolivarianos Chávez y Maduro, parece haber querido entrar en una dura competencia con los chicos de Caracas para ver quién situaba la inflación en las cotas más insostenibles. Pues bien; si la de Venezuela supera el ochenta por ciento, ostentando el dudoso privilegio de ser la mayor del mundo, la de Argentina está por encima del treinta, lo que a su vez la convierte en la segunda más alta del continente americano. Estamos en la recta final, en el último año del kirchnerato, y la alegría desbordante de la mujer con la oratoria más vacua tiene que hacer frente a los números y entrar, digamos, en el aula de aritmética para comprobar si hay verdaderos motivos para exhibir esa imagen de mando aparentemente incuestionable.
 

La milonga de Cristina Fernández de Kirchner

 

La milonga ha servido para que el Fondo Monetario Internacional sacase a la luz que los datos de crecimiento que Cristina dice haber logrado no se corresponden con los que Washington tiene en su poder. El deterioro de la situación para la gente de la calle hace que la inseguridad ciudadana se vaya extendiendo poco a poco por zonas en las que hasta apenas dos o tres años era impensable.

Siempre se orienta el objetivo en la desigualdad que se palpa en los diferentes barrios de la enorme capital austral. Pero hay también otras escenarios en los que el imparable tráfico de droga a pequeña escala, el menudeo callejero, es la parte visible de una estructura que está generando episodios de una violencia extrema que nadie en el Gobierno parece querer admitir, sobre todo en ciudades como Rosario, donde los camellos adolescentes recuerdan a los jóvenes traficantes de Nápoles, cuya dedicación profesional y su pertenencia a una banda les otorgan carisma y respeto entre sus conocidos.
 

No hace mucho que las televisiones ofrecían imágenes de gente asaltando comercios durante una huelga policial. Era un señal. Ahora, a medida que se acerca el final del mandato, Cristina Fernández de Kirchner se va a ver obligada a cortar el grifo generoso del Estado y acabar con las ayudas para el consumo de gas, electricidad y agua, expuestas a subidas absolutamente desproporcionadas.

 
Máximo Kirchner
 

El incremento en esos precios sacudirá bien duro en los bolsillos de una población que parece no entender qué ha ocurrido de verdad a lo largo de estos años perdidos en los que, sin embargo, el entorno de la pareja presidencial sí ha dado muestra de una prosperidad no suficientemente justificada. Digamos que la camarilla de la corte de los Kirchner ha medrado con un evidente éxito. Entre quienes han sabido utilizar el paraguas de la Presidencia de la República para su propio beneficio está el hijo de Cristina, Máximo, al frente de una especie de juventudes peronistas no oficiales a las que también pertenecen algunos puestos clave de la Administración y de algunas de las principales empresas del país.

 

Máximo Kirchner siempre ha estado la sombra, aunque se le atribuye una enorme capacidad de influencia en su madre como asesor. En verdad, poco se conoce de las andanzas del hijísimo y si en algún momento querrá incorporarse a la primera línea de la política, una vez que acabe el mandato de CFK en 2015. Esa parte por descubrir de Máximo oculta también extrañas relaciones con ciudadanos de dudosa honestidad y negocios turbios. Dicen quienes le han conocido que Máximo es todo menos de fiar y que uno de los asuntos que se oculta como un secreto de estado son las tormentosas relaciones que mantuvo con su padre. No parece, desde luego, que el futuro de los argentinos pueda estar al alcance de su mano. Lo decisivo es que alguien abra las ventanas de la Casa Rosada para que entre el aire fresco porque hay mucho secreto escondido y demasiado olor a funeraria.

 
Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.