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Los puntos cardinales

6-N: entre la diplomacia multilateral o el antieuropeísmo y la Guerra Fría

Octubre 23, 2012

Justo dentro de una semana sabremos quién será el hombre más poderoso del planeta, en función del resultado que hayan arrojado las urnas en Estados Unidos y que, a juzgar por lo visto, va a ofrecernos una recta final emocionante. Si nos atenemos a la valoración de los tres debates, excepto en el primero, Barack Obama fue el vencedor, aunque sin ventajas abultadas. Demostró el presidente demócrata y candidato a la relección que maneja muchas más claves internacionales que su rival, el republicano Mitt Romney. De hecho, si nos fijamos en lo ocurrido en el último en Boca Ratón (Florida), el gobernador de Massachussets parece haberse quedado anclado en estereotipos políticos de la Guerra Fría. Pero el mundo ha cambiado desde el derrumbe de la URSS y para el inquilino de la Casa Blanca hay otros desafíos, además de Vladimir Putin.

Un mundo en cambios
El presidente norteamericano tendrá que manejar un dossier de última hora con el que no contaba, como es la peligrosa crisis libanesa, derivada directamente de la guerra civil en Siria. Líbano siempre ha sido un laboratorio en el que se ha experimentado con toda suerte de combinaciones de choque armado posibles en la región. Hay que añadir a este nuevo problema las tensiones en aumento, -otra vez-, entre israelíes y palestinos, con la presencia de grupos salafistas en la Franja de Gaza. Por tanto, quien quiera que ocupe el Despacho Oval debe ser consciente de la necesidad de cooperar con los países europeos en una nueva política mediterránea, poniendo un especial acento en la parte más oriental.
La otra prioridad del presidente de Estados Unidos deberá ser inexorablemente China. Apenas unas horas después de que se conozca el nombre del vencedor comenzarán los trabajos del Congreso del Partido Comunista Chino en el que se diseñará la estrategia del gigante asiático para la próxima década, con un mundo llamado a cambiar de epicentro, de modo que los ejecutivos de Wall Street se verán obligados a pasar el testigo de la hegemonía del capitalismo a los tigres financieros de Shanghái.
Frente a este capítulo absolutamente imprescindible para la Diplomacia norteamericana, la política con sus vecinos del continente no parece estar en la primera línea. Salvo las relaciones con Brasil, Chile, Colombia o México, este último caso con una vertiente migratoria especial, no hay un esbozo de grandes agendas. Aunque, claro está, el paso de los años nos lleva a pensar que quien lidere el próximo cuatrienio muy probablemente tendrá que gestionar el final del castrismo en Cuba.
Para quienes vivimos a esta parte del Atlántico, sería mejor que Barack Obama revalidase el cargo por nuestros propios intereses. El republicano Mitt Romney no tiene ninguna vocación de preservar la denominada Agenda Transatlántica con los países europeos, salvo en aspectos de pura y simple cooperación militar en clave OTAN. De hecho, en alguna ocasión ha llegado a insinuar que la Unión Europea tiene una gran responsabilidad en la crisis mundial. Sumémosle a esto que Obama defiende el crecimiento mediante el impulso de un moderado gasto público como receta frente a quienes, como Angela Merkel, idolatran las políticas de ajuste como única alternativa. Barack Obama, un amigo de Europa en Washington D.C.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.