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Mi Tribuna

Cataluña, primer aviso para lo que espera en España

Enero 11, 2016
artur puig

El esperpento de Cataluña es como un primer aviso de lo que puede reproducirse en España. No hace falta plantearse lecturas políticas. Esto es un cachondeo puro y duro donde lo primordial es salvaguardar el trasero de cada uno hasta límites insospechados. Si estuviera en las tesis soberanistas, me daría vergüenza la imagen que se ha exportado al resto de España, donde los planteamientos independentistas se imponen por medio de una negociación a lo que realmente fue la voluntad de las urnas. No lo digo yo, lo ha dicho el propio Artur Mas en el aquelarre de su carrera política; no lo digo yo, lo dijeron en septiembre los resultados cuando todo el independentismo reunido no llegó al 48% de los votos. ¿Eso es respetar la voluntad general?

Reinterpretando la decisión de los ciudadanos

Pero da igual. Los políticos están a su suyo y reinterpretan la decisión de los ciudadanos por medio de las votaciones. No lo digo yo, lo dice Mas: «Lo que las urnas no nos dieron se corrige con una negociación”. Y se queda tan ancho después de tres meses de humillación permanente en los que buscaba la fórmula idónea para asegurarse su continuidad como adalid del proces, esa entelequia que han creado unos cuantos para hacer pensar al resto de la humanidad que los catalanes en bloque apoyan una independencia absolutamente artificial.

Cataluña tiene a un nuevo presidente que iba de número tres por la lista de Junts pel Sí por Girona. Este Carles Puigdemont aterriza con el guión del independentismo impregnado en su ADN político como garantía de continuidad a la deriva que inició Mas hace tiempo y que, entre otras cosas, no solo se le ha llevado por delante a él, sino también a su partido CDC al que piensa dedicar ahora todos los empeños para su reconstrucción. Y tampoco lo digo yo, lo dice Mas. “Destinaré esfuerzos personales a rehacer a fondo todo lo que representa Convergència”. Es decir, asume que esto del soberanismo, las alianzas desesperadas y sus posteriores desenlaces han tenido graves consecuencias en una organización que hace años era la llave para la gobernabilidad en España. Pero es lo mismo, en política nunca pasa nada y el proces continúa con otros actores de reparto que, absolutamente a contrarreloj, se han convertido en inesperados protagonistas porque sabían que unas nuevas votaciones perjudicarían sus intereses, que no son los intereses generales. ¿Tiene todo esto credibilidad?

Del caos de Cataluña a España

Pues eso. De Cataluña saltamos a una España incierta a la que Pedro Sánchez amenaza con un amplio pacto de izquierdas donde quepan todo tipo de opciones: nacionales, nacionalistas, rupturistas, antisistema; el único nexo que les une es la condición de impedir un nuevo gobierno del Partido Popular que, no lo digo yo, fue el más votado con amplia diferencia respecto al segundo, el PSOE de Sánchez que aspira a presidir España con la etiqueta de los peores resultados socialistas en la historia de la democracia.

“No tengo ninguna duda. Habrá un acuerdo liderado por el PSOE y Podemos. Nosotros debemos pensar en volver a la oposición”. Esta frase es de un dirigente del PP a la mañana siguiente del 20-D, cuando la proximidad con las fechas de Navidad propiciaba los tradiciones encuentros de felicitación entre políticos, instituciones y medios de comunicación. Y como ya hemos visto que todo es posible, hay que prepararse para un cambalache inédito que nos deje un puzzle multicolor disfrazado de eso que camuflan los perdedores como el “significado de las urnas”.

Pues nada, hasta el próximo episodio de esta sinrazón que parece no tener límite mientras unos se reparten los cargos y otros buscan cómo formar parte de ese círculo vicioso tan atractivo que salir de él cuesta, y mucho. Que se lo pregunten a Artur Mas, aferrado a la hoguera hasta que las llamas le han quemado para siempre.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68