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Mi Tribuna

Estamos rodeados de filibusteros

Noviembre 1, 2015
pujol

Hemos tenido de todo, pero nos quedamos en una superficie muy significativa. Quiero decir que en esta España de filibusteros nos apasiona más el enfrentamiento entre Márquez y Rossi que las afrentas continuas al significado de la unidad española. Porque, es igual, ni siquiera en esto de las motos hemos encontrado una respuesta firme a lo que fue una agresión en toda regla. Cuando escuché las declaraciones de Javier Alonso, director general de Dorna Sports, la empresa organizadora y propietaria de los derechos del Mundial de Motociclismo, lejos de sorprenderme porque uno ya está curado de espanto, me sobrevino un ataque de indignación por ese absurdo pretexto quijotesco que en este caso se llena de intereses económicos. Si este sujeto, uno de los tres directores de carrera, no vio agresión en esa acción es porque solo está mirando hacia su interés empresarial a costa de poner en evidencia a todo un campeón del mundo como Márquez. Para mí, sin embargo, no es lo más grave. Realmente sigo sin entender por qué cuestiona que el piloto español luchase denodadamente por defender su posición en la carrera pese a no jugarse nada. Estamos ante una remesa de deportistas españoles irrepetibles y nos permitimos la licencia de discutir su espíritu competitivo. Increíble.

No voy a meterme en un terreno que no me corresponde. Con acudir al excelente artículo de González Tamajón en este periódico es suficiente para explicarte muchas cosas del circo, pero como a continuación del episodio de Malasia nos hemos topado con otros sucedidos políticos me he permitido la licencia de acudir a la ética de Javier Alonso para enlazar con otras armonías que dan miedo, aunque no sea precisamente por haber celebrado esto de Halloween.

Los filibusteros por excelencia

Los filibusteros por excelencia de estos tiempos actuales responden al apellido de Pujol, y esta semana han tenido que soportar la condena del Telediario. Retratados por los registros, siguen campando a sus anchas en un mar de impunidad incomprensible. Seguramente, cualquier otra persona anónima que tuviera la mitad de la mitad de los antecedentes de esta familia, hace tiempo que estaría en prisión o su caso hubiera avanzado judicialmente de otra manera más acelerada. Pero estamos en España, donde consentimos que el patriarca reconozca su fraude y siga disfrutando de una plácida vida mientras resguarda la tela de araña que tejió con sus hijos en un escandaloso imperio económico. Y hemos solapado los registros y acopio documental mientras desde Cataluña amenazaban, esta vez sí, con iniciar una ruptura nacional que despertó una inmediata reacción desde La Moncloa.

Como ahora los diputados tienen tiempo libre por aquello de la disolución de las Cortes, he podido tomarme un café con uno de nuestros soberanos representantes. La verdad, el reposo les hace más racionales ya que llegaba a una conclusión evidente pero al mismo tiempo inaplicable porque preferimos el ten con ten que visualizar un escándalo. Y puede tener razón. Venía a decir que está muy bien la declaración institucional de Mariano Rajoy y su rápida reacción para reunirse con los principales líderes políticos y trazar una línea a seguir ante este desafío secesionista, pero que las cosas tienen otro matiz más drástico y es la aplicación de las leyes y la justicia.

Cuestiones inaceptables pero consentidas

No podemos consentir ciertas cosas con la Constitución en la mano. Y si hay que aplicar el artículo 155, se aplica. Como si es necesario alguna intervención de mayor calado cuidando esos aspectos que el Gobierno no quiere exteriorizar; porque los radicales catalanes estarían encantados de llenar minutos y portadas de medios extranjeros visualizando a uno de los suyos detenido o algún tipo de enfrentamiento entre sus seguidores y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Como si fuera la antigua Yugoslavia, más o menos.

Estamos llenos de complejos pero tenemos que poner solución a esto. Conozco de manera directa como un concejal del PP se dirigió a la Comisaría de Policía de una determinada localidad catalana para aconsejar a los responsables de la misma que lo mejor sería retirar la bandera de España para “evitar complicaciones”.

Tiene difícil explicación, ¿verdad? Como lo de Javier Alonso con Márquez, los remilgos con los Pujol y la templanza con estos nacionalistas catalanes que se sienten cómodos generando un clima de permanente amenaza a España mientras, por ejemplo, son incapaces de analizar por qué la Generalitat no tiene dinero para pagar a las farmacias. Parece que sigue siendo rentable eso de mirar hacia otro lado.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68